Los casos de picaduras de garrapatas en Estados Unidos han alcanzado su nivel más alto en casi una década, según alertas recientes de expertos en salud pública. Este aumento no solo refleja un mayor riesgo de infecciones como la enfermedad de Lyme (transmitida por la garrapata Ixodes scapularis), sino también de otras patologías graves, incluyendo formas de encefalitis viral que pueden ser potencialmente mortales.
Organismos como los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) han documentado un incremento sostenido en los reportes de picaduras, especialmente en regiones del noreste y centro-norte del país, donde las condiciones climáticas —como inviernos más suaves y veranos húmedos— favorecen la proliferación de estos ácaros. La enfermedad de Lyme, cuya sintomatología incluye fiebre, dolor articular y erupciones cutáneas (como el clásico «eritema migrante»), es la más conocida, pero no la única amenaza: garrapatas infectadas también pueden transmitir bacterias como Anaplasma o virus que causan encefalitis de Powassan, una infección rara pero con altas tasas de mortalidad o secuelas neurológicas permanentes.
Los expertos advierten que, aunque la mayoría de las picaduras no derivan en enfermedades graves, la expansión de las zonas endémicas —incluyendo áreas urbanas y suburbanas— exige mayor vigilancia. Recomiendan medidas preventivas como el uso de repelentes con DEET, ropa protectora al realizar actividades al aire libre y revisiones corporales tras exposiciones en zonas de riesgo. Además, subrayan la importancia de consultar a un médico inmediatamente si aparecen síntomas tras una picadura, especialmente en niños o adultos mayores, grupos más vulnerables a complicaciones.
