La lucha por mantener su figura llevó a Elvis Presley, el icónico Rey del Rock and Roll, a experimentar con dietas peligrosamente restrictivas e incluso procedimientos médicos extremos en un intento por perder peso.
A medida que las críticas sobre su aumento de peso –llegando a alcanzar las 350 libras en las décadas de 1960 y 1970– se intensificaban, Presley recurrió a tácticas cada vez más drásticas que ponían en riesgo su salud y bienestar.
Una de sus medidas más extremas ocurrió a principios de 1973, cuando su pareja de larga data, Linda Thompson, describió su estado físico como el peor de su vida. Presley, bajo la presión de su inminente espectáculo transmitido ‘Aloha from Hawaii’, adoptó un régimen alimenticio que limitaba su ingesta a tan solo 500 calorías diarias, complementado con inyecciones de proteínas obtenidas de la orina de mujeres embarazadas.
Thompson relató este preocupante capítulo en su libro ‘A Little Thing Called Life’, detallando los peligrosos extremos a los que Presley se sometía, según informa el Express.
Estas inyecciones de proteínas, aunque supuestamente destinadas a acelerar la pérdida de grasa, carecían de respaldo científico.
“Me sorprendió que Elvis tuviera la energía para dar un espectáculo tan exigente considerando la escasa cantidad de calorías que consumía”, documentó Thompson sobre los preparativos para el concierto en Hawái.
Inicialmente, la dieta de emergencia pareció dar resultados, con una pérdida de entre ocho y diez libras. Sin embargo, Thompson observó que el constante escrutinio mediático sobre su peso afectaba profundamente a la estrella, haciéndola más vulnerable emocionalmente.
Aún más alarmante fue la experimentación de Presley con la llamada “dieta de la bella durmiente” durante la década de 1970. Este arriesgado método consistía en ser inducido a un coma medicamentoso por varios días para evitar la ingesta de alimentos.
El experimento fracasó cuando Presley se cayó accidentalmente de la cama del hospital y despertó antes de lo previsto.
En otra ocasión, Presley intentó seguir una dieta basada únicamente en gelatina sabor cereza negra, demostrando su disposición a probar cualquier método para controlar su peso.
Estos enfoques extremos se atribuían, en parte, a la compleja relación de Presley con la comida, arraigada en su infancia de pobreza.
Su ingesta calórica diaria solía oscilar entre las 10,000 y las 12,000 calorías, provenientes de abundantes platos típicos del sur que no había podido disfrutar durante su juventud. Según Serious Eats, su sándwich de desayuno favorito superaba las 1000 calorías, una combinación de mantequilla de maní, plátano y tocino bañado en mantequilla. Mary Jenkins Langston, su chef personal durante 14 años, comentó a la BBC: “Para desayunar, comía galletas caseras fritas en mantequilla, hamburguesas de salchicha, cuatro huevos revueltos y, a veces, tocino frito”.
