La pandemia de COVID-19 ha marcado un antes y un después en la historia reciente, recordándonos la omnipresencia de la enfermedad y la inevitabilidad de la muerte. Si bien hasta marzo de 2020 las grandes epidemias parecían pertenecer a un pasado lejano, la realidad es que a lo largo de la historia la sociedad ha sido transformada por numerosas olas de contagio.
La peste negra, la viruela, la gripe española y el VIH son solo algunos ejemplos de epidemias que han impactado profundamente en el mundo. Sin embargo, existen otras olas de contagio menos conocidas, pero igualmente extrañas e increíbles. A continuación, repasamos algunas de ellas.
Oficialmente, se define como epidemia la rápida propagación de una enfermedad contagiosa en una población determinada. Si este contagio alcanza una escala global, se convierte en pandemia.
La epidemia del baile
En 1518, la ciudad de Estrasburgo fue azotada por un extraño fenómeno. El 14 de julio, una mujer llamada Troffea comenzó a bailar de forma incontrolable en la calle, sin poder detenerse. Tras cuatro días de baile continuo, Troffea falleció.
Una semana después, 34 personas más se unieron a la danza incesante, y en un mes el número de afectados ascendió a 400. Las causas de esta epidemia siguen siendo desconocidas, aunque algunos investigadores sugieren que podría tratarse de un caso de histeria colectiva.
Troffea es considerada el primer caso documentado de la «enfermedad del baile», también conocida como el «baile de San Vito». Los afectados sufrían un agotamiento extremo que, en algunos casos, desembocaba en ataques epilépticos, infartos, derrames cerebrales o caídas.
La epidemia de la risa
En 1962, el pueblo de Tanganika, en África, fue escenario de una peculiar epidemia. El 30 de enero, tres alumnas de una escuela del Lago Victoria comenzaron a reír de forma incontrolable durante una broma. La risa se propagó rápidamente por todo el centro educativo, afectando a todas las estudiantes.
Los ataques de risa duraban entre 4 y 8 horas, aunque en un caso se prolongaron durante 16 horas continuas. Curiosamente, ninguno de los profesores, dos europeos y tres africanos, se contagió. Para intentar contener el brote, se cerró la escuela y las alumnas regresaron a sus hogares, pero la medida resultó contraproducente, ya que los contagios se extendieron hasta 80 kilómetros del foco inicial.
En muchos casos, la risa se acompañaba de llanto y de problemas cutáneos, respiratorios y físicos. La epidemia se prolongó durante 18 meses y afectó a 1.000 personas.
La epidemia de los desmayos
En abril de 1983, adolescentes palestinas y mujeres soldado israelíes en Cisjordania comenzaron a experimentar mareos y desmayos. Más de 900 personas requirieron hospitalización.
Inicialmente, se sospechó de un ataque con armas químicas, pero posteriormente se consideró la posibilidad de un brote de histeria colectiva.
En 2014, Colombia también se vio afectada por un fenómeno similar, con hasta 200 niñas que presentaron síntomas de desmayos, mareos, dolor de cabeza, adormecimiento y hormigueo. La causa de estos episodios sigue siendo un misterio.
El síndrome de la resignación
Este peculiar «virus» afectó exclusivamente a los hijos de solicitantes de asilo en Suecia, prolongándose durante dos décadas. El primer caso se reportó a finales de 1990, y entre 2003 y 2005 se registraron más de 400 afectados.
El síndrome se caracterizaba por la pérdida de apetito, la dificultad para comunicarse y la entrada en un estado de letargo.
