Europa busca liberarse de la tecnología estadounidense y china: ¿Cómo lograrlo?
Europa se enfrenta a un desafío estructural crítico: ha quedado rezagada frente a Estados Unidos y China en el desarrollo tecnológico, una brecha que amenaza su seguridad económica y política. Según el informe de Mario Draghi sobre la competitividad europea, la región ha experimentado un crecimiento menor en el ingreso per cápita en comparación con Estados Unidos desde la crisis financiera de 2008.

La brecha de inversión y el estancamiento tecnológico
El diagnóstico es claro: la falta de competitividad europea se debe a una inversión insuficiente en investigación y desarrollo. En 2021, las empresas de la Unión Europea gastaron 270.000 millones de euros menos en I+D que sus homólogas estadounidenses. Para cerrar esta brecha, el informe Draghi recomienda incrementar las inversiones entre 750.000 y 800.000 millones de euros anuales, lo que equivale a cerca del 4,4% al 4,7% del PIB europeo. El problema se agrava por una dependencia externa alarmante. Más del 80% de la infraestructura y las tecnologías digitales en Europa son importadas, y aproximadamente el 70% de los modelos fundamentales de inteligencia artificial son desarrollados en Estados Unidos. La ausencia de grandes empresas europeas capaces de competir con gigantes como Google, Amazon o Microsoft deja a la región en una posición de vulnerabilidad.

Estrategias para la soberanía digital: ¿Es posible un «cortafuegos»?
Ante este escenario, han surgido propuestas como la iniciativa «EuroStack», que busca reconfigurar el ecosistema digital europeo y restaurar la soberanía sobre su infraestructura. Este plan propone una inversión de 300.000 millones de euros durante la próxima década. China ha logrado igualar a Estados Unidos en el ámbito digital mediante inversiones masivas en IA e infraestructura, además de proteger su mercado bloqueando el acceso a gigantes tecnológicos extranjeros. Esto ha permitido el crecimiento de sus propios líderes tecnológicos, como Baidu, Alibaba, Tencent y Huawei. La pregunta para los responsables políticos europeos es si la Unión Europea puede implementar un «cortafuegos» similar que otorgue acceso preferencial a sus propias empresas y permita que los datos de los ciudadanos europeos sean gestionados por entidades locales, evitando que los beneficios y la información sean capturados únicamente por empresas estadounidenses.
Desafíos institucionales y el papel del Estado
Draghi sugiere que el Estado no debe limitarse a ser un prestamista de último recurso, sino actuar como un inversionista temprano en áreas estratégicas, adoptando un enfoque orientado a resultados para objetivos definidos, como la transición a cero emisiones o la reducción de la brecha digital. No obstante, el informe también advierte sobre el exceso de regulación. Aunque una regulación bien diseñada puede estimular la innovación, el marco actual europeo es visto como un obstáculo. Draghi propone la creación de un nuevo puesto de vicepresidente de la Comisión Europea dedicado específicamente a la «simplificación» normativa.

Contexto global: Shocks y resiliencia
La urgencia de estos cambios se enmarca en un contexto de inestabilidad geopolítica. Según Niall Ferguson, historiador económico de Stanford, el mundo ha experimentado una acumulación de shocks —la pandemia, la guerra en Ucrania y conflictos en Oriente Medio— que, bajo una perspectiva de cien años, no resultan inusuales. Por su parte, Moritz Schularick, presidente del Instituto Kiel para la Economía Mundial, señala que, si bien las economías de mercado han demostrado resiliencia ante crisis como la interrupción del suministro de gas ruso, los gobiernos han acumulado una deuda pública considerable para estabilizar sus economías. Esto implica que, en el futuro, Europa dispondrá de «menos libertad financiera» para amortiguar nuevos impactos, lo que hace que la necesidad de una base tecnológica propia sea, además de una meta estratégica, una urgencia para la estabilidad a largo plazo.
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