Una investigación realizada por la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC) confirmó la presencia del mosquito Haemagogus leucocelaenus, vector de la fiebre amarilla silvestre, en cinco municipios de Santa Catarina. Este es el primer registro oficial de la especie en el estado.
Los últimos casos de fiebre amarilla urbana registrados en Brasil fueron en 1942. Desde entonces, los casos registrados de la enfermedad se deben al ciclo silvestre. Entre 2019 y 2021, Santa Catarina registró 27 casos de fiebre amarilla y ocho muertes, según la Secretaría de Estado de Salud. En 2022, se registró solo un caso importado de otro estado.
La vacuna contra la enfermedad, disponible a través del Sistema Único de Salud (SUS), se recomienda en Santa Catarina desde 2018. La confirmación de la presencia del mosquito en el estado refuerza la importancia de la inmunización.
El estudio, liderado por la bióloga Sabrina Fernandes Cardoso, doctora en Biología Celular y Desarrollo por la UFSC, y otros cinco investigadores, fue publicado en la revista Memórias do Instituto Oswaldo Cruz y también está disponible en la National Library of Medicine, la biblioteca médica más grande del mundo.
Sabrina Fernandes Cardoso afirma que la confirmación de la presencia del mosquito Haemagogus leucocelaenus en Santa Catarina es una alerta de salud pública, que podría agravarse debido a la alta infestación de Aedes aegypti en varios municipios.
“Es una bomba de tiempo. En el estado de Santa Catarina, ya estamos viviendo una situación grave en relación con el Aedes aegypti, con un número muy alto de focos. Si una persona va a un área boscosa, es picada por el Haemagogus leucocelaenus, contrae la fiebre amarilla y regresa enferma al centro urbano, puede ser picada por el Aedes aegypti. Por lo tanto, las condiciones para el surgimiento de un ciclo urbano de la enfermedad están todas presentes”, destaca.
El estudio se realizó a raíz de la confirmación de la muerte o enfermedad de primates en los municipios de Santa Rosa de Lima, Rio Fortuna, Braço do Norte, São Martinho y Pedras Grandes, durante el ciclo de la enfermedad ocurrido en febrero de 2021.
“Siempre que se producen muertes de monos en las zonas boscosas, se realiza una investigación exhaustiva y, en esos puntos, se identificó la circulación del virus de la fiebre amarilla. Con esta confirmación, pensamos en capturar mosquitos en estas áreas, para asegurarnos de que los mosquitos estaban actuando en la transmisión”, explica la bióloga, quien es funcionaria de la Dirección de Vigilancia Epidemiológica (Dive/SC).
¿Qué es la fiebre amarilla?
La fiebre amarilla es una enfermedad viral infecciosa grave que, si no se diagnostica y trata de inmediato, puede evolucionar rápidamente. El virus Flavivirus circula a través de dos ciclos de transmisión:
- Ciclo urbano: la transmisión se produce a partir de vectores urbanos infectados, es decir, el mosquito Aedes aegypti, que también transmite otras enfermedades como el dengue, el chikungunya y el zika.
- Ciclo silvestre: los mosquitos de los géneros Haemagogus y Sabethes son los transmisores. Viven en zonas boscosas e infectan principalmente a los monos.
¿Cuáles son las características del mosquito?
El mosquito Haemagogus leucocelaenus tiene hábitos diurnos y suele ocupar las partes huecas de los troncos de los árboles. Prefiere ambientes cálidos y húmedos, como la mayoría de los mosquitos. Para el estudio, se realizaron recolecciones en zonas boscosas, en enero y febrero de 2023, capturando más de 4.000 mosquitos.
La investigadora afirma que la presencia del vector refuerza la existencia de un riesgo de circulación del virus. La vacunación, especialmente de las personas que viven en zonas rurales, es indispensable, destaca Sabrina. También son importantes las medidas preventivas, como el uso de repelentes, especialmente en las zonas cercanas a los bosques.
“Las comunidades rurales viven en las zonas que llamamos ‘borde de mata’ (orilla del bosque), donde los mosquitos pueden llegar a alimentarse, picar a los primates humanos. Por eso la vacunación es tan importante”, señala.
El cambio climático es otro factor que puede favorecer el surgimiento de nuevos ciclos de la fiebre amarilla, debido a la intensificación de las lluvias y las olas de calor.
“Existen muchos estudios, incluso, que correlacionan la aparición de epidemias con condiciones climáticas propicias. Por lo tanto, si al mosquito le gustan las altas temperaturas y la humedad, ciertamente el cambio climático favorece su proliferación y también la de las enfermedades que transmiten”, concluye.
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