Un pequeño gusano llamado Caenorhabditis elegans podría ser la clave para comprender cómo protegemos nuestras sensaciones en la piel, incluyendo el dolor y el placer. Investigadores han descubierto que este nematodo posee un mecanismo que silencia las neuronas sensoriales después de la exposición a estímulos fuertes, evitando una sobrecarga y permitiendo que el sistema nervioso vuelva a funcionar normalmente.
Este proceso, similar a un “interruptor” que reduce la sensibilidad, implica una proteína específica que se activa en respuesta a la estimulación intensa. Al desactivar temporalmente las neuronas sensoriales, el gusano evita una respuesta continua y potencialmente dañina. Los hallazgos, publicados en la revista eLife, sugieren que mecanismos similares podrían existir en sistemas nerviosos más complejos, incluyendo el de los humanos.
La investigación se centró en las neuronas que detectan el tacto y el dolor en el gusano. Al estudiar cómo estas neuronas se adaptan a estímulos repetidos, los científicos identificaron la proteína responsable de la supresión de la señalización. Este descubrimiento podría tener implicaciones importantes para el desarrollo de nuevos tratamientos para afecciones como el dolor crónico, donde la sensibilidad al tacto puede estar anormalmente elevada.
“Entender cómo los organismos simples como C. elegans regulan la sensibilidad sensorial puede proporcionar información valiosa sobre los mecanismos fundamentales que subyacen a la percepción del dolor y el tacto en animales más complejos”, explican los investigadores. El siguiente paso será investigar si proteínas similares desempeñan un papel comparable en mamíferos y, en última instancia, en humanos.
