Un nuevo informe del Council on Foreign Relations revela que la brecha tecnológica entre Nvidia y Huawei en el campo de los chips de inteligencia artificial no deja de ampliarse.
Lejos de representar una amenaza inminente, Huawei se ve frenada por las sanciones estadounidenses, lo que hace ineficaz la estrategia de compensación por cantidad y cuestiona la pertinencia de una flexibilización de los controles.
La guerra tecnológica entre Washington y Pekín se centra en un componente esencial: el chip dedicado a la inteligencia artificial. En este contexto de tensiones, el temor a que campeones chinos como Huawei alcancen al líder indiscutible del sector ha justificado a menudo ajustes en la política de sanciones estadounidenses.
Sin embargo, los hechos presentan un cuadro muy diferente, donde la ventaja estadounidense es más sólida de lo que parece.
Un abismo tecnológico que se ensancha inexorablemente
Contrario a la creencia popular, el gigante chino no está ganando terreno a su rival estadounidense. Los datos públicos de ambas empresas son contundentes: los mejores chips de Nvidia son actualmente aproximadamente cinco veces más potentes que los de su competidor. Esta ventaja, ya considerable, está destinada a ser abrumadora en los próximos años.
Las proyecciones para 2027 estiman que esta brecha alcanzará un factor de diecisiete. Aún más revelador, la propia hoja de ruta de Huawei indica que su chip de nueva generación previsto para 2026 será en realidad menos potente que su modelo actual, lo que indica las enormes dificultades de producción a gran escala que enfrenta la empresa.
El cuello de botella de la producción
El rendimiento no es el único campo de batalla; el volumen es igualmente crucial. La estrategia de Huawei, que consiste en compensar una calidad inferior con una cantidad superior, se topa con la ineludible realidad de las restricciones de fabricación.
Privado del acceso a las fábricas de vanguardia de TSMC, el grupo chino depende del fabricante SMIC, cuya tecnología está bloqueada en el proceso de grabado de 7 nm, sin acceso a la litografía EUV (al menos no oficialmente).
Este techo tecnológico, impuesto por los controles a la exportación de equipos de vanguardia, limita no solo el rendimiento sino también los rendimientos y los volúmenes.
Incluso con estimaciones de producción muy optimistas, la potencia de cálculo total generada por Huawei representaría solo el 2% de la de Nvidia para finales de la década, lo que hace que cualquier intento de alcanzarla sea prácticamente imposible.
¿Una flexibilización de las sanciones, una apuesta arriesgada?
Estas conclusiones arrojan luz sobre las recientes discusiones sobre la flexibilización de las restricciones a ciertos chips de IA, en particular el acelerador H200 de Nvidia.
El informe del CFR no anda con rodeos: Huawei no es una amenaza que justifique ceder, sino la prueba de que los controles funcionan eficazmente.
Autorizar la exportación masiva de chips avanzados a China equivaldría a proporcionarle una capacidad de cálculo que sería incapaz de producir internamente antes de 2028 o 2029, como muy pronto.
Esto permitiría a los laboratorios chinos acortar su retraso con los modelos de IA estadounidenses y construir centros de datos competitivos a escala mundial. La cuestión es, por tanto, si esta ventaja estratégica, duramente conseguida, se preservará.

