Los mercados financieros están mostrando una reacción mixta ante la escalada del conflicto en Irán, con los inversionistas interpretando de manera errónea las noticias mientras los bonos pierden parte de su tradicional rol como refugio seguro.
Según analistas de Goldman Sachs, aunque las acciones han caído y los rendimientos de los bonos han subido desde el inicio de la guerra en Irán, las pérdidas en carteras balanceadas han sido limitadas. El portafolio global proxy de la firma, que representa alrededor de 300 billones de dólares en activos financieros, ha disminuido apenas un cinco por ciento desde el comienzo del conflicto, una caída considerada modesta en comparación con los retrocesos históricos de estrategias 60/40 como las de 2022.
Una cartera 60/40, típicamente compuesta por un 60 por ciento en acciones del S&P 500 y un 40 por ciento en bonos del Tesoro de EE.UU. A 10 años, ha mostrado una resistencia relativa pese al aumento de los precios del petróleo y la volatilidad en los mercados. Los estrategas de Goldman Sachs atribuyen esta estabilidad a expectativas de crecimiento económico sostenido, un impacto limitado de la inflación a largo plazo y la continuidad de la flexibilización política.
No obstante, advierten que la sobreexposición a la innovación en las carteras promedio y la falta de cobertura adecuada contra la inflación representan riesgos estructurales. Para construir portafolios más resilientes, recomiendan una distribución equitativa entre activos vinculados a la innovación, aquellos que protegen contra la inflación y los que se benefician de una huida hacia la seguridad.
En los últimos días, nuevos informes indican que los bonos han mostrado solo una debilidad modesta tras la escalada del conflicto durante el fin de semana, sugiriendo que, aunque su efectividad como cobertura ha disminuido, siguen desempeñando un papel relevante en la mitigación de riesgos en medio de la incertidumbre geopolítica.
