Una reciente investigación científica ha revelado cómo la inflamación intestinal crónica, asociada a la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), puede desencadenar una serie de reacciones inmunitarias que favorecen el desarrollo de cáncer de colon y recto. El estudio indica que este proceso comienza con una señal inmunitaria específica que atrae un gran número de glóbulos blancos desde la médula ósea hacia el intestino, promoviendo así el crecimiento tumoral.
Los hallazgos sugieren nuevas posibilidades para monitorizar la actividad de la enfermedad, evaluar el riesgo de cáncer y desarrollar estrategias terapéuticas más precisas en el futuro.
El papel clave de la proteína TL1A en la inflamación intestinal
Los investigadores se centraron en una proteína de señalización inmunitaria conocida como TL1A, una proteína inflamatoria vinculada tanto a la EII como al cáncer de colon y recto. Varios fármacos experimentales que inhiben esta proteína han mostrado resultados prometedores en ensayos clínicos para el tratamiento de la EII, aunque su mecanismo de acción preciso en la perpetuación de la inflamación o el desarrollo del cáncer no se comprendía completamente.
Un estudio publicado en la revista Immunity demostró que TL1A ejerce su principal efecto a través de un tipo específico de célula inmunitaria intestinal llamada ILC3. Al activarse, estas células envían señales que atraen un gran número de neutrófilos desde la médula ósea al intestino, donde sus características cambian de una manera que apoya la formación de tumores.
¿Por qué la enfermedad inflamatoria intestinal crónica aumenta el riesgo de cáncer de colon?
La enfermedad inflamatoria intestinal crónica abarca la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, y se caracteriza por una inflamación continua del tracto digestivo. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), entre 2,4 y 3,1 millones de personas en Estados Unidos viven con esta enfermedad.
Los efectos de la EII no se limitan a los síntomas digestivos, sino que también aumentan el riesgo de otras enfermedades autoinmunes e inflamatorias, y elevan significativamente la probabilidad de desarrollar cáncer de colon y recto. Este tipo de cáncer a menudo aparece a una edad más temprana en pacientes con EII y se asocia con resultados de tratamiento menos favorables en comparación con otros.
Cómo las células intestinales estimulan la respuesta de la médula ósea
El equipo de investigación descubrió que la proteína TL1A es producida principalmente por células inmunitarias que ya están presentes en el intestino inflamado de pacientes con EII. Esta proteína promueve el crecimiento tumoral al activar las células ILC3 intestinales, que a su vez secretan una sustancia conocida como GM-CSF, un factor estimulante de la producción de células sanguíneas.
Esta señal desencadena un proceso llamado mielopoiesis de emergencia, en el que se producen grandes cantidades de neutrófilos en la médula ósea, que luego migran al intestino. En modelos de ratones con cáncer de intestino, un simple aumento en el número de estas células fue suficiente para acelerar el desarrollo de los tumores.
Cambios inmunitarios que promueven la formación de tumores
Se sabe que los neutrófilos contribuyen al desarrollo del cáncer de colon a través de la liberación de moléculas altamente reactivas que pueden dañar el ADN de las células que recubren el intestino. Los investigadores también descubrieron que las células ILC3 obligan a los neutrófilos a adoptar un nuevo patrón de actividad genética, que incluye una mayor expresión de genes asociados con el inicio y el crecimiento de tumores. Un patrón genético similar se observó en muestras de tejido de colon de pacientes con colitis ulcerosa asociada a la EII. Este patrón fue menos evidente en pacientes que recibieron un tratamiento experimental que inhibía la actividad de TL1A.
Nuevas perspectivas terapéuticas para reducir el riesgo de cáncer
Los resultados del estudio sugieren que varios elementos de esta vía inmunitaria podrían representar objetivos prometedores para futuros tratamientos, incluyendo la proteína TL1A, las células ILC3, el factor GM-CSF y los neutrófilos reclutados al intestino. Estos objetivos podrían permitir el desarrollo de terapias que no solo controlen la enfermedad inflamatoria intestinal crónica, sino que también reduzcan el riesgo de cáncer de colon y recto.
Próximos pasos en la investigación
El equipo de investigación continúa estudiando esta vía de comunicación entre el intestino y la médula ósea en el contexto de la inflamación intestinal. Las investigaciones futuras se centrarán en determinar si la exposición temprana o intermitente al factor GM-CSF podría predisponer a las células de la médula ósea de manera que aumente la probabilidad de desarrollar EII con el tiempo, lo que podría abrir la puerta a nuevas estrategias de prevención e intervención temprana.
