Un estudio internacional liderado por científicos del Instituto Weizmann de Ciencias (Israel) ha logrado mapear por primera vez cómo la senescencia celular y la capacidad de autorrenovación de las células madre (stemness) interactúan en enfermedades como el cáncer, la fibrosis y el envejecimiento. Según los hallazgos, publicados en Nature, esta interacción podría explicar por qué algunos tumores resisten terapias y por qué ciertos tejidos no se regeneran correctamente.
¿Qué son la senescencia celular y la stemness, y por qué su interacción es clave?
La senescencia celular es un estado en el que las células dejan de dividirse pero no mueren, liberando señales inflamatorias que afectan al tejido circundante. Por otro lado, la stemness (o capacidad de «juventud celular») permite que las células madre se autorrenueven y generen otros tipos celulares. Según el equipo de investigación, dirigido por el profesor Yaron Fuchs, ambas propiedades no son mutuamente excluyentes, sino que pueden coexistir en células tumorales y en tejidos enfermos.

Los científicos utilizaron técnicas de cromatina 3D y análisis de secuenciación para demostrar que células senescentes pueden mantener rasgos de stemness, lo que les permite persistir en el organismo sin proliferar activamente. «Esto desafía la idea tradicional de que la senescencia es un proceso terminal», explicó Fuchs en el estudio. Según los datos, esta dualidad podría ser un mecanismo de escape para células cancerosas que evitan la muerte celular programada.
¿Cómo afecta este hallazgo al tratamiento del cáncer y otras enfermedades?
El estudio sugiere que terapias actuales que buscan eliminar células senescentes podrían no ser suficientes si estas también conservan propiedades de stemness. «En cáncer, por ejemplo, las células senescentes con stemness podrían ser responsables de las recaídas tras tratamientos como la quimioterapia», señaló el artículo. Los investigadores proponen que futuras estrategias deberían enfocarse en bloquear simultáneamente ambas vías: tanto la senescencia como la capacidad de autorrenovación.
Además, el trabajo abre nuevas líneas de investigación en enfermedades como la fibrosis pulmonar y la esclerosis múltiple, donde la acumulación de células senescentes con rasgos de stemness podría explicar la falta de regeneración tisular. «Entender esta interacción nos permite repensar cómo abordamos enfermedades crónicas», afirmó el equipo en el comunicado oficial.
¿Qué sigue? Próximos pasos según los científicos
Los autores del estudio, en colaboración con el Universidad Hebrea de Jerusalén y el NYU Langone Health, planean desarrollar modelos experimentales para probar fármacos que inhiban específicamente células con ambas propiedades. «Necesitamos herramientas más precisas para distinguir entre células senescentes ‘inocuas’ y aquellas que promueven el cáncer o la fibrosis», advirtió el estudio.

Según los datos preliminares, estos compuestos podrían combinarse con inmunoterapias existentes para mejorar su eficacia. El equipo ya ha identificado dos marcadores moleculares (CD9 y CD73) que podrían usarse para detectar estas células híbridas en biopsias humanas.
¿Por qué este descubrimiento podría cambiar la medicina regenerativa?
Más allá del cáncer, el estudio tiene implicaciones en medicina regenerativa. Las células madre con rasgos senescentes podrían ser clave para entender por qué algunos tejidos, como la piel o el hígado, pierden capacidad de reparación con la edad. «Si logramos ‘rejuvenecer’ selectivamente estas células, podríamos mejorar la regeneración en pacientes mayores», comentó el estudio.
Los investigadores destacan que sus hallazgos podrían aplicarse también a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, donde la acumulación de células senescentes en el cerebro está vinculada al deterioro cognitivo. «Este es un primer paso para diseñar terapias que no solo eliminen células dañinas, sino que también restauren funciones perdidas», concluyó el equipo.
El artículo completo, titulado *»Senescence and stemness: a dual role in disease»*, fue publicado el 15 de marzo de 2024 en la revista Nature y cuenta con el respaldo de financiación de la National Institutes of Health (NIH) y el Ministerio de Ciencia de Israel.
