La Guardia Revolucionaria de Irán incautó este jueves dos buques petroleros extranjeros en el Golfo Pérsico, acusándolos de contrabando de combustible, según informó la televisión estatal iraní. Las embarcaciones transportaban aproximadamente un millón de litros de combustible, incluyendo diésel, equivalentes a unos 6.300 barriles. Los 15 tripulantes extranjeros que se encontraban a bordo están bajo custodia de las autoridades judiciales iraníes, aunque Teherán no ha revelado su nacionalidad ni las banderas de los buques.
El general Heidar Honarian Mojarrad, comandante regional de la marina de la Guardia Revolucionaria, declaró que los petroleros fueron interceptados cerca de la isla Farsi y trasladados al puerto de Bushehr. Según fuentes oficiales iraníes, ambas embarcaciones formaban parte de una red que operaba ilegalmente en la región para transportar combustible fuera de Irán.
La incautación ocurre en un contexto de alta tensión entre Irán y Estados Unidos. Ambos países sostendrán conversaciones nucleares este viernes en Mascate, capital de Omán, tras la ofensiva israelí de 12 días contra territorio iraní en junio y la posterior represión de protestas antigubernamentales por parte de la República Islámica. La reunión estará encabezada por el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, y el enviado especial estadounidense, Steve Witkoff, en un formato de negociación indirecta centrado en el programa nuclear iraní y el posible levantamiento de sanciones.
El contrabando de combustible es un problema estructural en Irán. El país mantiene uno de los precios de la gasolina más bajos del mundo gracias a los fuertes subsidios estatales, con los primeros 60 litros disponibles a un precio de apenas 1,25 centavos de dólar por litro. Esta política, heredada de las violentas protestas de noviembre de 2019 que fueron reprimidas con dureza, fomenta un lucrativo negocio ilegal hacia países vecinos como Irak, Turquía y Pakistán, donde los precios son considerablemente más altos. Se estima que alrededor del 20% del combustible vendido en las estaciones de servicio iraníes termina siendo contrabandeado, lo que representa una pérdida de miles de millones de dólares para el Estado iraní en subsidios que financian redes clandestinas.
REUTERS/Raheb Homavandi
Esta no es la primera operación de este tipo en los últimos meses. En diciembre, Irán incautó un petrolero extranjero en el Estrecho de Ormuz con 16 tripulantes a bordo. Ese mismo mes, interceptó otra embarcación en el mar de Omán que transportaba seis millones de litros de diésel, tripulada por 18 personas de nacionalidades india, esrilanquesa y bangladesí. En noviembre, la Guardia Revolucionaria confiscó el petrolero Talara, con bandera de las Islas Marshall, que transportaba 30.000 toneladas de productos petroquímicos desde Emiratos Árabes Unidos hacia Singapur.
Las fuerzas iraníes realizan regularmente incautaciones de embarcaciones en el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz, una vía marítima de apenas 33 kilómetros de ancho por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo y gas natural licuado que se consume en el mundo. Teherán justifica estas operaciones como un esfuerzo por combatir el tráfico ilícito de combustible y garantizar el cumplimiento de las regulaciones marítimas, aunque analistas occidentales sugieren que algunas incautaciones podrían estar motivadas por presiones políticas regionales.
La operación se produce pocos días después de que Estados Unidos desplegara un grupo naval en la región del Golfo Pérsico en respuesta a la represión de protestas en Irán. Occidente ha responsabilizado a Teherán por ataques con minas lapa que dañaron petroleros en 2019 y por un ataque con drones a un buque vinculado a Israel que causó la muerte de dos tripulantes europeos en 2021. Estos incidentes se desencadenaron tras la retirada unilateral del presidente Donald Trump del acuerdo nuclear iraní de 2015 con las potencias mundiales.
