Israelíes de distintos sectores políticos coincidieron en que el acuerdo actual no aborda las amenazas fundamentales a la seguridad que representa Irán, según declaraciones recogidas en los últimos días. La percepción, compartida tanto por figuras de gobierno como de la oposición, subraya un punto crítico en las negociaciones regionales: la falta de mecanismos concretos para contener el avance iraní en materia de armamento y proyección regional.
¿Por qué el acuerdo deja sin resolver el principal riesgo para Israel?
El núcleo del escepticismo gira en torno a la capacidad del texto negociado para frenar el desarrollo del programa nuclear iraní y sus acciones en Siria, Líbano y Yemen. «No hay avances tangibles en el control de las rutas de suministro de armas ni en la reducción de la influencia iraní en la región», afirmó un alto funcionario del gobierno israelí bajo condición de anonimato, citado por fuentes diplomáticas. La preocupación no es nueva: desde el retiro de EE.UU. del Plan de Acción Conjunto Completo (JCPOA) en 2018, Israel ha advertido que cualquier entendimiento con Teherán debe incluir garantías verificables sobre su dimensión militar.

La postura unificada —incluso entre partidos tradicionalmente divididos como Likud y el bloque de centro-izquierda— refleja un consenso interno: sin un marco que limite el alcance de las milicias respaldadas por Irán (como Hezbolá o los hutíes), el acuerdo perdería eficacia. «No basta con declaraciones; se necesitan acciones concretas en el terreno», declaró un legislador de la oposición en conversaciones con periodistas locales. La pregunta que ahora domina el debate es si las potencias involucradas —principalmente EE.UU. y las naciones del Golfo— están dispuestas a imponer sanciones secundarias o medidas militares si Irán incumple compromisos previos.
¿Qué sectores en Israel exigen cambios inmediatos?
Mientras el primer ministro y su gabinete evalúan el texto, voces desde la Knesset hasta los think tanks de seguridad presionan para incluir cláusulas específicas. El Instituto de Investigación para la Paz en Medio Oriente (INSS), citado por medios israelíes, destacó en un informe reciente que el 78% de los encuestados en una muestra nacional considera que cualquier acuerdo debe priorizar la desmilitarización de Siria y el cierre de bases iraníes en el territorio. «La historia demuestra que los acuerdos sin verificabilidad se desmoronan», advirtió el director del INSS, quien recordó cómo el JCPOA permitió avances técnicos iraníes sin frenar su expansión regional.
En el espectro político, figuras como el exministro de Defensa Moshe Ya’alon —crítico histórico de las negociaciones con Irán— han insistido en que cualquier entendimiento debe vincularse a avances en el frente nuclear. «Irán no negocia de buena fe; su estrategia es ganar tiempo mientras consolida su capacidad de disuasión», dijo Ya’alon en una entrevista publicada esta semana. Incluso sectores tradicionalmente pragmáticos, como los aliados del primer ministro, reconocen que la falta de un mecanismo de inspecciones en tiempo real —similar al sistema del JCPOA— deja un vacío estratégico.
¿Qué pasa si el acuerdo avanza sin cambios?
Analistas consultados por Notiulti coinciden en que la ausencia de avances en este frente podría reavivar tensiones internas. El último informe del Ministerio de Defensa israelí, filtrado a medios, señala que las actividades iraníes en Siria —como la construcción de túneles cerca de la frontera con el Golán— han aumentado un 40% en lo que va del año. «Esto no es especulación; es una amenaza tangible que ningún acuerdo diplomático puede ignorar», afirmó una fuente del Mossad citada por Haaretz.

El riesgo, según expertos, es que la percepción de debilidad invite a Teherán a escalar su retórica y acciones. En los últimos meses, Irán ha intensificado sus ataques con drones y misiles contra bases estadounidenses en Irak y Siria, una estrategia que Israel interpreta como una señal de que el régimen no tiene incentivos para moderar su comportamiento. «Si no hay consecuencias claras, el mensaje será: pueden seguir desafiando a la comunidad internacional», advirtió un analista del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS).
Mientras las negociaciones continúan, el gobierno israelí enfrenta un dilema: ¿priorizar la estabilidad regional a corto plazo o insistir en garantías que, hasta ahora, ninguna de las partes parece dispuesta a ofrecer?
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