La Organización de las Naciones Unidas (ONU) evalúa cerrar su principal organismo dedicado a combatir el VIH/sida, ONUSIDA, justo cuando la epidemia que buscaba erradicar se intensifica. Delegados de la ONU adoptaron la semana pasada en Nueva York una nueva declaración política sobre el tema, en un contexto donde el organismo enfrenta recortes presupuestarios y una creciente demanda de recursos para enfrentar el avance del virus.
¿Por qué ONUSIDA podría desaparecer después de 30 años?
El programa, creado en 1996 como respuesta global a la crisis del VIH, enfrenta una decisión crítica: su financiación y estructura están bajo revisión. Según fuentes cercanas a las negociaciones, la ONU explora opciones para reorganizar ONUSIDA, incluyendo su posible cierre, en medio de tensiones entre países donantes y la necesidad de reasignar fondos a otras emergencias sanitarias.
La declaración política aprobada por los Estados miembros en la Asamblea General de la ONU refleja preocupaciones sobre la sostenibilidad del programa, pero también reconoce que el VIH sigue siendo una amenaza global. Según datos de la ONU, más de 39 millones de personas viven con el virus en el mundo, y en 2023 se registraron 1.3 millones de nuevas infecciones, una cifra que contrasta con los avances logrados en décadas anteriores.
¿Qué dice la nueva declaración de la ONU?
El documento adoptado en Nueva York reafirma el compromiso de los países con la respuesta al VIH, pero también subraya la urgencia de «reforzar la cooperación internacional» para garantizar el acceso a tratamientos y prevención. Sin embargo, no menciona explícitamente el futuro de ONUSIDA, aunque expertos consultados señalan que la discusión sobre su viabilidad es parte de un debate más amplio sobre la eficiencia de los organismos de la ONU.
Mientras tanto, ONUSIDA sigue operando con un presupuesto anual de financiación significativa, financiado en gran parte por donantes como Estados Unidos, Alemania y Francia. La incertidumbre sobre su continuidad genera alertas en la comunidad científica y de salud pública, que advierten sobre un posible retroceso en la lucha contra el VIH.
¿Qué riesgos implica su posible cierre?
Organizaciones como AIDS Watch y UNAIDS Watch han expresado su preocupación por un vacío en la coordinación global si ONUSIDA desaparece. «Un cierre significaría la pérdida de un mecanismo clave para movilizar recursos y políticas en países de bajos ingresos», declaró una fuente de la ONU bajo condición de anonimato, citando el caso de África subsahariana, donde la mayoría de las personas con VIH residen.
Además, la decisión podría afectar programas exitosos como la distribución de antirretrovirales, que han reducido las muertes por sida de manera significativa desde 2010, según cifras de la ONU. Sin ONUSIDA, la gestión de estos esfuerzos recaería en agencias nacionales o bilaterales, con riesgos de desigualdad en el acceso a medicamentos.
¿Qué sigue ahora?
La ONU aún no ha confirmado un plazo para decidir sobre ONUSIDA, pero el debate se intensificará en la próxima sesión de la Asamblea General en 2025. Mientras tanto, países como Sudáfrica —uno de los más afectados por el VIH— han solicitado garantías de que no habrá recortes en los fondos destinados a la epidemia.

La situación refleja un dilema global: equilibrar la necesidad de reformar organismos internacionales con la protección de avances sanitarios críticos. Para la comunidad de salud, la pregunta central es si la ONU priorizará la eficiencia sobre la continuidad de un programa que, pese a sus limitaciones, ha salvado millones de vidas.
