León XIV concluye visita a Turquía e insta a la paz y la reconciliación en Líbano
Un día clave en Turquía: ecumenismo, recuerdo y unidad cristiana
El Papa León XIV inició su jornada en Estambul con un encuentro significativo con Su Santidad Karekin II, Patriarca de la Iglesia Apostólica Armenia. Tras un momento de oración en la sede patriarcal, el Pontífice expresó su gratitud por el “valiente testimonio cristiano del pueblo armenio”, reconociendo su fidelidad a Cristo a pesar de las adversidades históricas.
León XIV enfatizó que la unidad entre los cristianos no debe implicar absorción o dominación, sino un intercambio enriquecedor de los dones que el Espíritu Santo ha concedido a cada tradición eclesial. Recordó la figura de Nerses IV Shnorhali, un impulsor clave de la reconciliación entre las Iglesias orientales y Roma, y señaló que su ejemplo debe inspirar los esfuerzos actuales hacia la plena comunión.
Posteriormente, el Papa se trasladó a la Iglesia Patriarcal de San Jorge, sede del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, donde fue recibido por Bartolomé I, quien presidió una solemne Divina Liturgia. León XIV participó en la ceremonia con profundo respeto, ocupando un lugar destacado como muestra de consideración hacia la tradición ortodoxa. La iglesia, construida en 1720 sin cúpula debido a las restricciones otomanas que reservaban este elemento arquitectónico para las mezquitas, alberga reliquias de santos venerados en la antigua Constantinopla. Al finalizar la liturgia, el Papa bendijo una placa con los nombres de todos los Pontífices que han visitado la Catedral Apostólica Armenia, en un gesto que honró la continuidad histórica entre las Iglesias.
En su homilía, Bartolomé I subrayó que la visita del Obispo de Roma no es meramente ceremonial, sino una manifestación concreta de la voluntad de avanzar hacia la unidad plena. Reconoció las dificultades doctrinales persistentes, como las relacionadas con el filioque y la infalibilidad papal, pero insistió en que ambas partes progresan con respeto, sinceridad y esperanza.
Primer mensaje en Beirut: memoria, justicia y esperanza para la juventud
Tras su despedida de Turquía, León XIV viajó a Beirut. Durante el vuelo, confirmó a los periodistas su intención de convocar a todos los líderes cristianos en Jerusalén en 2033, coincidiendo con el segundo milenio de la Resurrección de Cristo. Esta iniciativa, de gran significado simbólico, busca que las Iglesias celebren conjuntamente el acontecimiento central de la fe cristiana.
A su llegada a Líbano, el Pontífice fue recibido por el presidente Joseph Aoun, de tradición maronita, tal como establece la Constitución libanesa. En el Palacio Presidencial, el Santo Padre advirtió que ningún proceso de paz puede lograrse sin “sanar la memoria” y sin un acercamiento sincero entre aquellos que han sufrido injusticias. “Quien no sana su memoria permanece prisionero de su propio dolor”, afirmó con contundencia.
El Papa recordó que el país aún enfrenta las secuelas de la explosión en el puerto de Beirut de 2020, un desastre que causó 235 fallecidos y cuyas investigaciones se encuentran estancadas, generando frustración entre las familias afectadas. En este contexto, León XIV hizo un llamado a un proceso profundo de reconciliación.
Los cristianos libaneses, que actualmente representan un tercio de la población –frente al 51% registrado en 1932–, se congregaron a lo largo del recorrido del Papa en papamóvil, desafiando la lluvia para saludarlo. El Pontífice destacó especialmente a aquellos que eligen permanecer en su tierra “a pesar del sacrificio, la incertidumbre o la pobreza”, calificando su testimonio como un acto heroico. León XIV planteó interrogantes cruciales para la nación: “¿Cómo asegurar que los jóvenes no se vean obligados a emigrar? ¿Cómo ofrecerles un futuro que no los exile de su tierra?”.
Líbano, un crisol de culturas y un desafío para la paz: un llamado urgente a preservar la convivencia
El presidente Aoun, en su discurso, resaltó que la convivencia entre musulmanes y cristianos es el núcleo fundamental del país. Advirtió que la desaparición de uno de los grupos pondría en riesgo el equilibrio nacional y desestabilizaría toda la región. “Si los cristianos desaparecen de Líbano, la ecuación se derrumba; si los musulmanes caen, se rompe la moderación”, enfatizó.
Para León XIV, Líbano es un “laboratorio de convivencia”, un país donde diversas confesiones –suníes, chiíes, maronitas, ortodoxos, melquitas y otras– han logrado mantener un delicado equilibrio a pesar de décadas de conflictos. El Papa llegó en un momento de particular tensión, apenas una semana después del fallecimiento del comandante militar de Hezbolá en un ataque israelí. El Pontífice recordó la devastación causada por los conflictos de 2006 y 2024 y apeló a priorizar “el objetivo de la paz por encima de todo”.
“Ser artesanos de paz –afirmó– no es una tarea sencilla; se desarrolla en medio de tensiones geográficas, históricas y espirituales. Pero la paz nunca debe identificarse con el nacionalismo ni con intereses particulares.”
Ante las autoridades libanesas, insistió en que la paz solo puede surgir de la verdad, la justicia y el respeto mutuo; nunca del miedo o la imposición.
