Existe una creciente preocupación sobre la efectividad de las líneas de crisis actuales. Según testimonios, en la mayoría de los casos, quienes buscan ayuda a través de estas líneas esperan ser atendidos por profesionales de la salud mental, pero se encuentran con la intervención policial, a menudo percibida como hostil, en una situación ya de por sí delicada.
Se cuestiona si nuevas medidas podrían realmente mejorar la situación, ya que podrían incluso aumentar los tiempos de espera, momentos críticos en los que una persona podría tomar decisiones irreversibles. Se sugiere que la solución más viable es utilizar y fortalecer las líneas de crisis ya existentes, diseñadas específicamente para este tipo de emergencias.
