La guerra económica entre Estados Unidos, Israel e Irán ha generado un complejo mapa de ganadores y perdedores en los mercados globales. Mientras algunos sectores se benefician de las tensiones, otros enfrentan pérdidas significativas debido a las interrupciones en el comercio y los suministros.
Entre los ganadores, destacan los productores de energía fuera de Oriente Medio, cuyos precios del petróleo y el gas han subido por la preocupación sobre el suministro desde el Golfo Pérsico. Las empresas de defensa también han visto aumentar sus pedidos, ante el incremento en el gasto militar de las naciones involucradas.
Por otro lado, los principales perdedores incluyen a las economías dependientes del petróleo iraní, que han visto reducirse sus ingresos por las sanciones y los bloqueos marítimos. Las cadenas de suministro globales han sufrido retrasos, especialmente en el transporte marítimo por el Estrecho de Ormuz, lo que ha encarecido el flete y afectado a industrias como la automotriz y la electrónica.
Además, los consumidores en países importadores han enfrentado precios más altos en combustibles y productos derivados, mientras que las pymes han tenido dificultades para acceder a financiamiento ante la incertidumbre económica.
El impacto se ha hecho sentir también en los mercados financieros, con volatilidad en las bolsas y fluctuaciones en las monedas de los países emergentes más expuestos al riesgo geopolítico.
