El sistema de salud de Estados Unidos no es asequible, ni para las personas ni para el país. Casi un cuarto de la población tiene dificultades para pagar sus facturas médicas, y los números aumentan significativamente entre quienes tienen enfermedades crónicas o necesitan mucha atención. Cerca de 100 millones de personas lidian con deuda médica. Además, el gasto per cápita en salud es casi el doble que el de otros países ricos, lo que ejerce presión sobre otras prioridades nacionales y sobre los salarios para los empleadores. A pesar de los avances, aún hay 27 millones de personas sin seguro, y según proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso, los recortes en la llamada «One Big Beautiful Bill» podrían elevar esa cifra a unos 40 millones si no se revierten. El sistema también es excesivamente complejo y difícil de navegar. Un ejemplo emblemático es la revisión de autorización previa, que casi todos odian y que, según encuestas, es el mayor problema que enfrentan las personas al intentar recibir atención. Aunque Estados Unidos gasta mucho más en salud que otras naciones adineradas, sus resultados en salud siguen quedando atrás en la mayoría de los casos.
Los principales problemas del sistema de salud de EE.UU. según Dr. Drew Altman
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