Un nuevo umbral de lipoproteína(a) se vincula más estrechamente con eventos cardiovasculares graves
Un reciente estudio presentado en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) 2026 ha revelado que niveles más altos de lipoproteína(a) —conocida como Lp(a)— están asociados de manera más significativa con eventos cardiovasculares mayores, incluso en personas consideradas de bajo riesgo según las escalas tradicionales. Estos hallazgos podrían redefinir cómo se evalúa el riesgo de enfermedades cardiovasculares ateroscleróticas (ECVA) en la población.
La Lp(a) es una partícula similar al colesterol LDL, pero con una estructura única que incluye una proteína adicional llamada apolipoproteína(a). A diferencia de otros factores de riesgo, como el colesterol LDL o la presión arterial, los niveles de Lp(a) están determinados en un 90% por la genética y permanecen estables a lo largo de la vida. Esto la convierte en un marcador predictivo confiable, pero hasta ahora su medición no formaba parte de los chequeos rutinarios.
El estudio: umbrales más altos, mayor riesgo
El análisis, liderado por investigadores del Brigham and Women’s Hospital en Boston, evaluó datos de más de 27,000 participantes del Women’s Health Study, un seguimiento de 30 años a mujeres inicialmente sanas. Los resultados mostraron que aquellas con niveles de Lp(a) en el quintil más alto (superiores a 100 nmol/L) tenían un 33% más de riesgo de sufrir un evento cardiovascular mayor —como infarto, revascularización coronaria, accidente cerebrovascular o muerte por causas cardiovasculares— en comparación con quienes presentaban niveles en el quintil más bajo (inferiores a 10 nmol/L).
Lo más relevante es que este riesgo se mantuvo independiente de otros factores, como el colesterol LDL, la proteína C reactiva de alta sensibilidad (hsCRP) o la presencia de diabetes. «Esto sugiere que la Lp(a) no solo es un factor de riesgo adicional, sino que podría ser un driver clave en el desarrollo de ECVA, incluso en personas sin otros marcadores elevados», explicó la Dra. Pradeep Natarajan, autora principal del estudio.
¿Por qué importa este hallazgo?
Actualmente, las guías clínicas recomiendan medir la Lp(a) al menos una vez en la vida, pero no establecen umbrales claros para la intervención. El estudio propone que un nivel superior a 100 nmol/L debería considerarse un «punto de corte» para intensificar las estrategias de prevención, como cambios en el estilo de vida o el uso de terapias emergentes.

Sin embargo, aún hay desafíos. Aunque existen fármacos en desarrollo para reducir la Lp(a), como los ARN interferentes (que bloquean la producción de la proteína), ninguno está aprobado para uso clínico generalizado. Mientras tanto, los expertos enfatizan que las personas con niveles altos deben enfocarse en controlar otros factores modificables, como la hipertensión, la diabetes y el tabaquismo.
Un test disponible, pero subutilizado
El test para medir la Lp(a) es sencillo —requiere solo una muestra de sangre— y está disponible en muchos sistemas de salud, incluso de forma gratuita en algunos países. En Israel, por ejemplo, el Ministerio de Salud lo incluyó en 2025 como parte de los chequeos preventivos para adultos mayores de 40 años. «Es una herramienta poderosa que podría salvar vidas si se implementa de manera sistemática», señaló un portavoz del ministerio en declaraciones a The Jerusalem Post.
A pesar de su accesibilidad, la prueba sigue siendo poco solicitada por médicos y pacientes. «Muchos profesionales aún no están familiarizados con su utilidad, y los pacientes no saben que existe», advirtió la Dra. Mary McGowan, directora científica de la Family Heart Foundation, en una entrevista con Radio-Canada. La organización ha lanzado campañas para aumentar la conciencia, destacando que la Lp(a) elevada afecta a 1 de cada 5 personas en el mundo, con variaciones significativas según la etnia.
¿Quiénes deberían hacerse la prueba?
Los expertos recomiendan medir la Lp(a) en los siguientes casos:
- Personas con antecedentes familiares de enfermedades cardiovasculares prematuras (antes de los 55 años en hombres o 65 en mujeres).
- Pacientes con colesterol LDL normal pero con eventos cardiovasculares recurrentes sin causa aparente.
- Individuos con estenosis aórtica calcificada, una condición estrechamente vinculada a niveles altos de Lp(a).
- Personas de grupos étnicos con mayor prevalencia, como afrodescendientes o sudasiáticos.
La Dra. Natarajan subrayó que, aunque la genética no se puede cambiar, conocer el nivel de Lp(a) permite tomar decisiones informadas: «No es una sentencia, pero sí una alerta para actuar con mayor urgencia».
El futuro del tratamiento
En la actualidad, las estatinas —fármacos ampliamente usados para reducir el colesterol LDL— tienen un efecto limitado sobre la Lp(a). Sin embargo, en el congreso de la ESC 2026 se presentaron datos prometedores de un ensayo clínico con pelacarsen, un oligonucleótido antisentido que reduce la Lp(a) en un 80% en pacientes con niveles muy elevados. Aunque el medicamento aún no está aprobado, los resultados han generado optimismo en la comunidad médica.
Mientras tanto, la American Heart Association (AHA) y la ESC están revisando sus guías para incluir recomendaciones más específicas sobre la Lp(a), incluyendo la posibilidad de bajar el umbral de intervención a 50 nmol/L en ciertos grupos de alto riesgo.
Conclusión: un cambio de paradigma
Los hallazgos presentados en el ESC 2026 refuerzan la idea de que la Lp(a) no es un factor de riesgo secundario, sino un predictor independiente que merece mayor atención. «Estamos ante una oportunidad única para prevenir miles de eventos cardiovasculares cada año con una prueba simple y barata», concluyó la Dra. McGowan. «El desafío ahora es integrarla en la práctica clínica de manera efectiva».
Para quienes deseen conocer su nivel de Lp(a), los expertos recomiendan consultar con su médico de cabecera o buscar programas de detección gratuitos, como los ofrecidos por algunas organizaciones de salud pública. En un contexto donde las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo, este pequeño análisis de sangre podría marcar una gran diferencia.
