Las enfermedades crónicas no transmisibles (NCDs) representan hoy la principal sfida sanitaria global. Cada dos segundos, una persona menor de 70 años muere prematuramente por patologías como enfermedades cardiovasculares, tumores, diabetes o trastornos respiratorios, a las que se suman condiciones neurodegenerativas y mentales en constante aumento. Según el informe de la OMS 2022 «Invisible numbers: the true extent of noncommunicable diseases and what to do about them», estas patologías son responsables del 74% de las muertes en todo el mundo, con millones de personas que conviven durante años con al menos una condición crónica.
Las enfermedades crónicas no transmisibles son la principal causa de muerte a nivel mundial y absorben una parte creciente de los recursos sanitarios y económicos. En Europa, llegan a representar hasta el 80% del gasto sanitario, pese a lo cual las inversiones en prevención siguen siendo limitadas. A nivel global, se estima que la pérdida de productividad entre 2011 y 2030 ascenderá a 30 billones de dólares, cifra que aumenta a 47 billones al incluir las enfermedades neurodegenerativas. A pesar de ello, los países de la OCDE destinan en promedio solo el 3% del gasto sanitario a intervenciones sobre los factores de riesgo, frente al 5% recomendado.
Entre los factores estructurales que impulsan el aumento de las NCDs se encuentran el envejecimiento de la población, la difusión de estilos de vida sedentarios y el aumento del sobrepeso y la obesidad. Aunque la esperanza de vida ha crecido hasta aproximadamente 76 años para las mujeres y 71 para los hombres, la esperanza de vida en buena salud se estabiliza alrededor de los 60 años, lo que pone de relieve un desfase cada vez mayor entre longevidad y calidad de vida. En este contexto, las estrategias de prevención se presentan como una palanca decisiva para mejorar la situación.
