Mamoru Hosoda: Análisis de Scarlet y su ambiciosa adaptación de Hamlet

by Editora de Entretenimiento

El aclamado director y guionista japonés Mamoru Hosoda es conocido por crear películas de animación que nos transportan a mundos oníricos y profundos.

En “Mirai” (2018), Hosoda nos presenta la historia de un niño de cuatro años que se siente desplazado por el nacimiento de su hermana pequeña. Sin embargo, en su jardín, se encuentra con versiones adolescentes de su hermana y otros familiares, viajando a través del tiempo y aprendiendo a comprender a los demás.

Más recientemente, en “Belle” (2022), una adolescente encuentra una vía de escape y sanación en un mundo virtual. Considerada por muchos como una de las mejores películas del año, e incluso posiblemente la mejor representación cinematográfica de internet, “Belle” culmina en un clímax conmovedor e inolvidable.

Su última obra, “Scarlet,” si bien ambiciosa, parece exceder las capacidades del director. La película sigue a una princesa medieval que, tras presenciar el asesinato de su padre a manos de su tío y morir ella misma, despierta en un purgatorio expansivo. En este extraño más allá, habitado por almas de todas las épocas, busca vengar la muerte de su padre.

Adaptar “Hamlet” a un inframundo surrealista es, sin duda, una propuesta más audaz que la mayoría de las películas animadas. El problema con “Scarlet”, sin embargo, no radica en la falta de imaginación, sino en su exceso. Hosoda, quien previamente trabajó en Studio Ghibli en películas como “Wolf Children” y “Summer Wars”, posee un talento excepcional para crear mundos visualmente complejos y explorar ideas existenciales con una sensibilidad infantil. No obstante, en “Scarlet”, un diseño barroco excesivo, una sobrecarga de emociones y una ambición desmedida terminan por afectar la película.

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En el prólogo, ambientado en la Dinamarca del siglo XVI, vemos a Scarlet (Ashida Mana) presenciar cómo su tío Claudio (Kôji Yakusho) acusa falsamente a su padre de traición y lo ejecuta. Llena de furia, Scarlet intenta asesinar a Claudio, pero es envenenada y despierta en un lugar conocido como las Tierras del Más Allá.

Este lugar es un páramo infinito, lleno de almas errantes y bandidos. Se rumorea la existencia de una escalera al cielo. En su búsqueda de Claudio, Scarlet se une a Hijiri (Okada Masaki), un paramédico del mundo moderno que dedica su tiempo en el Más Allá a curar las heridas de los demás, incluyendo a los enemigos de Scarlet.

“Scarlet” puede resultar lenta y tediosa en algunos momentos, incluso incluyendo personajes como Rosencrantz y Guildenstern. Si las Tierras del Más Allá reflejan la turbulenta conciencia de Scarlet, la batalla entre la venganza y el perdón se siente simplificada. Hosoda intenta conectar la historia con la actualidad a través del trasfondo de Hijiri, explorando los dilemas planteados por Shakespeare en un contexto contemporáneo.

Hosoda ya había fusionado “La Bella y la Bestia” en “Belle”, con resultados desiguales pero interesantes. Sin embargo, en “Scarlet”, le cuesta conectar “Hamlet” con el presente. Es un intento valiente, propio de un director tan talentoso como Hosoda, pero no logra su cometido. A pesar de ello, la película es visualmente deslumbrante y está llena de pasión. Hosoda sigue siendo un director capaz de alcanzar cotas operísticas y emocionantes. En “Scarlet”, por ejemplo, Claudio tiene una muerte espectacular, un logro notable considerando que ya ha fallecido.

“Scarlet”, distribuida por Sony Pictures Classics, se estrenará en cines de forma limitada el viernes y tendrá un estreno más amplio el 6 de febrero. Está clasificada como PG-13 por la Motion Picture Association debido a la violencia y a imágenes sangrientas. Se proyectará tanto en japonés con subtítulos como en versión doblada al inglés, con una duración de 112 minutos. Recibe dos estrellas de cuatro.

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