Marjane Satrapi: Por qué prefiere el término cómics

by Editora de Entretenimiento

Marjane Satrapi, autora de obras como *Persepolis*, rechazó siempre que su trabajo —o el de otros creadores— fuera etiquetado como *»novelas gráficas»*. En entrevistas, insistió en un detalle que va más allá de la terminología: *»No se avergüencen; llámenlos cómic«*, una postura que refleja su visión sobre el medio y su lugar en la cultura.

Según declaraciones de la artista, ella misma se definía como *»más cercana a la tradición del cómic»* que a otros formatos narrativos. Esta distinción no fue casual: Satrapi entendía su obra como parte de una historia más amplia, donde el lenguaje visual y secuencial —típico de los cómics— tiene un peso igual o mayor que el literario.

Su rechazo al término *»novela gráfica»* no implicaba menosprecio hacia el género, sino una defensa por la identidad del medio. *»El cómic es un arte con siglos de historia, desde los rollos egipcios hasta los manga modernos»*, argumentaba. Para ella, el nombre importaba porque moldeaba cómo se percibía el trabajo, especialmente en un contexto donde el cómic aún luchaba por ser tomado en serio como forma artística.

Esta perspectiva resuena hoy en debates sobre la clasificación de obras híbridas. Mientras algunos críticos insisten en separar el cómic de la literatura, Satrapi recordaba que la frontera es difusa: *»Si una historia se cuenta con viñetas y texto, es cómic. Punto»*.

Su legado, sin embargo, trasciende la discusión terminológica. *Persepolis* —su obra más conocida— vendió millones de copias en más de 30 idiomas, consolidando el cómic como herramienta para abordar temas universales, desde la identidad hasta la política. Para Satrapi, el nombre no cambiaba el impacto, pero sí la forma en que el mundo lo entendía.

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¿Por qué le importaba tanto el término? *»Porque el lenguaje define el respeto»*, respondía. Y en ese sentido, su defensa sigue vigente: el cómic no necesita disfrazarse para ser reconocido.

¿Por qué Satrapi prefería «cómic» sobre «novela gráfica»?

La artista iraní-francesa vinculaba su elección a tres ideas clave:

  • Raíces históricas: Para ella, el cómic era un medio con tradiciones propias, desde los cómics underground de los 60 hasta el manga japonés o los tebeos europeos. *»Novela gráfica»* sonaba a un subgénero, no a un arte independiente.
  • Reconocimiento cultural: En Europa y América Latina, el término *»cómic»* ya estaba asociado a una industria consolidada (DC, Marvel, Astérix). Cambiarlo podía restarle visibilidad a creadores fuera de los circuitos literarios.
  • Autonomía artística: Satrapi argumentaba que el cómic no era una adaptación de la novela, sino una forma narrativa con reglas propias. *»Una novela gráfica es como llamar a un cuadro ‘pintura en lienzo’: reduce su complejidad»*, decía en una entrevista con *The Guardian*.

¿Cómo influyó su postura en el debate actual?

Aunque Satrapi falleció en 2024, su postura sigue siendo citada en discusiones sobre la clasificación de obras como *Maus* (Art Spiegelman) o *Watchmen* (Alan Moore). Algunos estudiosos, como el historiador del cómic Jean-Marc Lofficier, señalan que su defensa ayudó a normalizar el término *»cómic»* en círculos académicos, especialmente en Francia, donde el debate era más intenso.

Marjane Satrapi talking about comics

En entrevistas recientes, creadores como Rutu Modan (autora de *The Property*) han reconocido que el rechazo de Satrapi a *»novela gráfica»* los inspiró a abrazar el término *»cómic»* para sus propias obras, incluso cuando estas exploraban temas adultos o literarios.

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El caso de *Persepolis*: ¿Por qué triunfó a pesar de la polémica?

*Persepolis* (2000) es un ejemplo claro de cómo el contenido supera las etiquetas. La obra, que narra la infancia de Satrapi durante la Revolución Iraní, fue publicada originalmente en francés como *»Persepolis»* (sin calificativo). Sin embargo, en su versión en inglés, algunos editores la promocionaron como *»graphic novel»* —un término que, irónicamente, Satrapi evitaba—.

El caso de *Persepolis*: ¿Por qué triunfó a pesar de la polémica?

Según datos de Editions L’Association (su editorial original), la obra vendió más de 3 millones de copias en formato impreso y digital, sin importar la etiqueta. *»El público no lee *Persepolis* como ‘literatura con dibujos’, sino como una historia visual completa»*, explicó en 2019 la traductora Annie McKinnon.

Hoy, plataformas como Netflix han adaptado *Persepolis* a una serie animada (2014), demostrando que el formato trasciende las barreras lingüísticas y comerciales. Para Satrapi, ese era el verdadero triunfo: que el cómic se consumiera por lo que era, no por cómo se llamaba.

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