El fotógrafo Parr, conocido por su perspectiva única, parece haber tomado una crítica de Cartier-Bresson como un halago. Tras ser elegido por un solo voto, Parr abrazó la idea de ser “completamente de otro planeta”, una característica que siempre ha definido su trabajo.
Su carrera comenzó a los 16 años con una serie de cuatro fotografías de una tienda de pescado y patatas fritas, Harry Ramsden’s, cerca de Leeds. Desde entonces, ha observado el mundo con una mezcla de desconcierto y objetividad, como si la Tierra fuera un territorio inexplorado. Se ve a sí mismo como un Prospero moderno, invitándonos a maravillarnos con las peculiaridades del planeta o a sentirnos incómodos ante ellas.
Mientras que para Magnum, la fotografía documental se centraba en la guerra, la hambruna y la catástrofe, Parr encontró su “frente” en lo cotidiano, en lo cercano: “Salí y me fui a la esquina, al supermercado local…”. En su obra, se atreve a explorar la banalidad, a encontrar lo interesante en lo aparentemente aburrido.
