Peter Max, el célebre artista pop cuya colorida obra psicodélica definió la estética optimista del movimiento flower power
en la década de 1960, falleció el lunes a los 88 años, según confirmó su familia. Su obra, que abarcó desde carteles masivos hasta aviones, dejó una huella imborrable en la cultura estadounidense.
El fallecimiento del artista fue anunciado por su hijo, Adam Max, a través de una declaración escrita en un comunicado emitido el miércoles en el que destacó el legado visual y humano de su padre. Adam Max expresó en el comunicado que recordarían su extraordinaria creatividad, su calidez, su curiosidad y la forma en que veía la belleza y las posibilidades en todas partes, añadiendo además que el arte de su padre se convirtió en parte de la cultura estadounidense, pero que el hombre detrás de ese arte —el padre que conocieron y amaron— era la persona a la que más echarían de menos, reflejando el impacto cultural que su obra dejó en la sociedad estadounidense.
De los carteles universitarios a los grandes iconos de la cultura pop
Durante la década de 1960, el estilo vibrante y reconocible de Max se convirtió en el sinónimo visual de una era marcada por la contracultura, la exploración espacial y el deseo de paz —en una época descrita por washingtonpost.com como el período de los niños de las flores y la Era de Acuario—. Sus composiciones, repletas de tonos turquesas, naranjas y verdes neón, inundaron las habitaciones universitarias y las revistas de tirada masiva. En 1969, su característico bigote tupido (descrito por theguardian.com y aol.com como su trademark dark, bushy mustache
) y su amplia sonrisa aparecieron en la portada de la revista Life, consolidando su estatus como un fenómeno de masas.
Su capacidad para fusionar el arte con el comercio le permitió llevar sus creaciones mucho más allá de las galerías tradicionales. Max colaboró con numerosas marcas e instituciones, diseñando desde las portadas de las páginas amarillas de Manhattan (el directorio telefónico comercial distribuido a millones de personas) hasta vehículos de gran envergadura. Fue nombrado artista oficial para eventos de gran magnitud, incluyendo los Juegos Olímpicos, el Super Bowl, el Indianapolis 500, la Copa Mundial de Fútbol y la Serie Mundial, además de estampar sus diseños en un avión Boeing 777 y en cruceros de la naviera Norwegian Cruise Line. Sus temas de retrato variaron desde presidentes de los Estados Unidos hasta Taylor Swift, según detallaron theguardian.com y aol.com.
Una expansión comercial masiva y los debates sobre el arte y el mercado
El éxito comercial de Max alcanzó proporciones industriales, especialmente tras estudiar en Nueva York en la Art Students League, la School of Visual Arts y el Pratt Institute, y abrir un estudio de diseño gráfico con amigos en 1961. El propio artista describió la situación al afirmar que su trabajo había sido realmente, según diría, casi explotado, señalando que su obra estuvo en tazas, sábanas, vestidos, sedas, bufandas y corbatas abarcando 70 product lines
.

A pesar de las críticas de sectores que cuestionaban la pureza artística de un creador tan volcado en el consumo masivo, Max declaró sobre su propio trabajo que siempre estaba del lado de la naturaleza pacífica, añadiendo que no hablaba de cosas negativas en sus pinturas, que no se demoraba en ellas en su mente ni se demoraba en ellas en sus lienzos. Lo que realmente le bothered
de todo ese éxito comercial, según relató, era que ya no estaba pintando, lo que lo llevó a detener temporalmente su actividad empresarial a principios de los años 70 para concentrarse de nuevo en su arte.
De los refugiados en Berlín a los encargos en la Casa Blanca
Nacido como Peter Max Finkelstein en Berlín en 1937 dentro de una familia judía, el artista experimentó el desplazamiento forzado en su infancia. Su familia huyó del régimen nazi rumbo a Shanghai cuando él era un bebé, y posteriormente residió en Tíbet, Israel y París antes de establecerse definitivamente en la ciudad de Nueva York cuando Max tenía 16 años. Ya en su juventud, se declaró a sí mismo como un gran fan de la cultura estadounidense, abarcando los cómics, las películas y toda la música jazz.

Con el paso de las décadas, su trayectoria incluyó encargos oficiales de alto nivel, como una serie de retratos dedicados a la Estatua de la Libertad realizados en la Casa Blanca por invitación de la entonces primera dama Nancy Reagan en 1981, tras su reaparición en la vida pública.
Controversias personales y el adiós a una figura irrepetible
La vida del artista también estuvo marcada por momentos complejos. En 1997, Max se declaró culpable de fraude fiscal después de que el Servicio de Impuestos Internos (IRS) alegara que ocultó más de un millón de dólares en ingresos derivados de su arte; originalmente fue sentenciado a dos meses de prisión, aunque se le permitió cumplir la pena mediante un programa de liberación por trabajo, pagar los impuestos atrasados junto con una multa de 30.000 dólares, y realizar 800 horas de servicio comunitario enseñando arte en escuelas de Harlem.
Posteriormente, en 2015, su vida familiar se convirtió en pasto de la prensa sensacionalista en un enfrentamiento entre su segunda esposa, Mary Max, y su hijo Adam, fruto de un matrimonio anterior. Mientras que el hijo y un tutor alegaron que Mary Max había agotado sus finanzas y lo intimidaba, ella afirmó a su vez que le habían impedido verle en contra de su voluntad y que le habían robado pinturas de su propiedad.
Peter Max deja un legado que trascendió los límites del lienzo tradicional para integrarse de lleno en la cultura visual de la segunda mitad del siglo XX.
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