Muerte de Jamenei: Sucesión en Irán y futuro incierto

by Editor de Mundo

La muerte de Alí Jamenei, a los 86 años, marca un hito histórico no solo para Irán, sino para toda la región. El líder espiritual y político falleció el sábado 28 de febrero de 2026, víctima de un ataque aéreo perpetrado por Estados Unidos e Israel contra Teherán.

Según la Constitución iraní, un comité compuesto por 88 clérigos chiitas deberá ahora decidir sobre su sucesión. Entre los posibles candidatos se encuentran el expresidente Hasan Rohani, el hijo de Jamenei, Mojtaba –considerado cercano a la Guardia Revolucionaria–, y Hasan Jomeini, nieto del ayatolá Ruholá Jomeini, fundador de la República Islámica y gobernante de Irán hasta 1989.

En los círculos de la oposición también se mencionan nombres, principalmente el de Reza Pahlavi, hijo del sah derrocado en 1979. Sin embargo, la oposición iraní se encuentra profundamente dividida internamente.

De manera provisional, un comité tripartito integrado por el presidente, el jefe del Poder Judicial y un representante del Consejo de Guardianes asumirá las funciones oficiales.

La pregunta central, no obstante, trasciende la mera sustitución de una figura: ¿se trata simplemente de un cambio de personal o de una transformación del sistema? La Guardia Revolucionaria juega un papel crucial en este escenario, manteniendo su poder e influencia a pesar del asesinato de su anterior comandante, Mohammed Papkur.

Un asesinato sin precedentes

Para Bente Scheller, de la Fundación Heinrich Böll, cercana al partido alemán Los Verdes, el fallecimiento de Alí Jamenei constituye “un acontecimiento altamente simbólico”. El asesinato selectivo de un jefe de Estado en funciones carece de precedentes, y representa un “momento muy delicado” tanto en el ámbito interno como en el derecho internacional, según la experta. Si bien Irán se había preparado para la sucesión, las circunstancias de la muerte le otorgan una nueva dimensión a la situación.

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Partidarios de las milicias chiitas protestan tras el asesinato de Alí Jamenei.
Bagdad: en el vecino Irak, seguidores de las milicias chiíes protestaron tras el asesinato de Alí Jamenei.Imagen: Thaier Al-Sudani/REUTERS

Hanna Voß, experta en Oriente Medio de la Fundación Friedrich Ebert, vinculada al partido socialdemócrata SPD alemán, considera que la reacción del presidente estadounidense, Donald Trump, revela un profundo desconocimiento.

Trump, asegura Voß, “no comprende realmente la lógica del régimen iraní ni el funcionamiento de su aparato de seguridad”. La Guardia Revolucionaria cuenta con su propio servicio de inteligencia, estructuras independientes y milicias tanto dentro como fuera del país.

La Guardia Revolucionaria, fuerza decisiva

A pesar de la petición pública de Trump a la Guardia Revolucionaria para que deponga las armas, Scheller opina que esta organización no se dejará intimidar.

La renuncia a su poder y recursos económicos implicaría una pérdida de influencia que no está claro si podrían compensar. El aparato es extenso y, hasta la fecha, no se han producido deserciones significativas. La probabilidad de una retirada voluntaria es, por tanto, muy baja, según la representante de la Fundación Heinrich Böll.

¿Qué ocurrirá ahora?

Según Scheller, los próximos días dependerán en gran medida de la postura de Washington. Gran parte de lo que suceda es especulación, pero lo crucial es “saber con qué se conformará Trump”. Es posible que continúen los ataques militares selectivos, dirigidos, por ejemplo, contra el programa balístico o nuclear. La experta teme que esto pueda desencadenar nuevos enfrentamientos y represalias por parte de Irán.

Voß, por su parte, considera posible una transformación estructural interna. Las Guardias Revolucionarias son “un aparato profundamente impregnado de ideología que, al mismo tiempo, funciona como una institución paramilitar”.

Incluso tras la pérdida de su comandante, podrían asumir un papel aún más relevante en el futuro, lo que podría conducir a una mayor militarización, con una pérdida de importancia de las instituciones gubernamentales formales y un aumento del poder de los organismos de seguridad.

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Cambio de régimen poco probable

Ambas expertas coinciden en que un cambio de régimen en este momento es poco probable.

“Es más probable que veamos una transformación dentro de este aparato de poder que un cambio a favour de la oposición”, afirma Bente Scheller. La población ha demostrado su valentía y no necesita llamamientos externos, pero también ha comprobado que las promesas internacionales no siempre se cumplen.

Si, por ejemplo, el expresidente Rohani fuera el sucesor de Jamenei, esto no implicaría “un cambio de sistema, sino simplemente un cambio de liderazgo”, explica Voß, de la Fundación Friedrich Ebert.

Sin embargo, en su opinión, “la gran mayoría de la población iraní” anhela un cambio fundamental, preferiblemente a través de un referéndum sobre la futura forma de gobierno.

Margen político limitado

La materialización de este deseo popular dependerá en gran medida de la Guardia Revolucionaria, que controla no solo las armas, sino también la economía y la ideología.

Scheller advierte que la continuación de los bombardeos podría reducir el margen político: este es un momento propicio para hacer una pausa e intentar aprovechar la conmoción para forzar cambios. “Si simplemente se sigue bombardeando, se perderá esta oportunidad”, opina.

Irán se encuentra ante una encrucijada: entre un cambio simbólico y la continuidad estructural, entre una posible militarización y el deseo insatisfecho de un referéndum.

(vt/ms)

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