Asturias enfrenta una paradoja en medio de la necesidad de donantes de sangre: un número significativo de potenciales donantes son excluidos a pesar de que sus muestras sanguíneas son seguras para transfusiones. Esta restricción se debe a la prevalencia de una mutación genética, conocida popularmente como “mutación celta”, que impide a muchos asturianos y asturianas donar sangre, una situación que no se replica en otras comunidades autónomas españolas.
La condición que genera esta exclusión es la hemocromatosis hereditaria, una enfermedad genética que se transmite de padres a hijos y afecta tanto a hombres como a mujeres. La mutación más común asociada a esta enfermedad es la C282Y, la cual provoca una absorción excesiva de hierro a nivel intestinal. Este exceso de hierro se acumula en órganos vitales como el hígado, el páncreas y el corazón, pudiendo causar daños y toxicidad. Si bien la prevalencia de esta mutación no es elevada a nivel nacional, es significativamente mayor en el norte de España, particularmente en Asturias.
