El cine japonés continúa revelando talentos, y ‘My Sunshine’ (estrenada el 7 de enero) confirma la llegada de un nuevo nombre: Hiroshi Okuyama (奥山大史, 30 años). Tras su debut en 2018 con ‘No me gusta Jesús’, este es su segundo largometraje, una obra que denota una visión narrativa clara y la valentía para llevarla a cabo. Si bien aún no alcanza la altura de figuras como Ryusuke Hamaguchi o Sho Miyake, quienes lideran la escena cinematográfica nipona, Okuyama se perfila como un sucesor prometedor. Su nueva película es sólida y delicada en su ejecución.
‘My Sunshine’ podría, a primera vista, parecer una extensión de la estética y sensibilidad típicas del cine japonés, pero en realidad rechaza los clichés y busca nuevos caminos. La historia gira en torno a Sakura, una joven patinadora artística, y Takuya, un chico sin interés en el hockey sobre hielo, quienes comienzan a practicar danza sobre hielo juntos bajo la tutela de la entrenadora Arakawa. Okuyama toma un escenario convencional, un pueblo rural de Hokkaido cubierto de nieve, pero lo integra de manera orgánica a la narrativa, evitando que la película se limite a ser visualmente atractiva y transformándola en una experiencia emocionalmente resonante.
![[클로즈업 필름]일본영화 또 하나의 재능이 '마이 선샤인'](https://i0.wp.com/img1.newsis.com/2026/01/07/NISI20260107_0002035847_web.jpg?w=1170&ssl=1)
Lo sorprendente de ‘My Sunshine’ es su capacidad para subvertir las expectativas del género deportivo, alejándose de la típica narrativa de superación, esfuerzo, alegría y frustración que se centra en la competición de Sakura y Takuya. Esta desviación de la trama convencional, esta interrupción inesperada, resulta desconcertante al principio, pero finalmente conduce a una reflexión profunda que perdura incluso después de que los 90 minutos de metraje hayan terminado. La película se transforma entonces de una historia juvenil en un retrato honesto y a veces doloroso de la realidad humana.
![[클로즈업 필름]일본영화 또 하나의 재능이 '마이 선샤인'](https://i0.wp.com/img1.newsis.com/2026/01/07/NISI20260107_0002035848_web.jpg?w=1170&ssl=1)
El estilo de Okuyama, que prioriza la elipsis y la sutileza sobre la exposición, es sorprendentemente maduro para un director nacido en 1996. ‘My Sunshine’ carece de narración en off, subtítulos explicativos y diálogos innecesarios, limitándose a lo esencial. El director comunica a través de las miradas de los protagonistas, sus acciones contenidas y los paisajes, revelando lo que no se muestra ni se dice. Esta economía de medios obliga al espectador a completar los vacíos, a reflexionar sobre las decisiones de Sakura, los sentimientos de Takuya y el dolor de Arakawa, incluso después de que la película haya terminado.
![[클로즈업 필름]일본영화 또 하나의 재능이 '마이 선샤인'](https://i0.wp.com/img1.newsis.com/2026/01/07/NISI20260107_0002035849_web.jpg?w=1170&ssl=1)
Sin embargo, incluso sin un análisis profundo, ‘My Sunshine’ es una película visualmente cautivadora. Cada escena podría ser una postal, con una estética cuidada y una textura vintage que resulta irresistible. La atmósfera cálida creada por la nieve de Hokkaido, la conexión palpable entre los jóvenes patinadores, la soledad que emana del personaje de Ikematsu Sosuke, las interpretaciones naturales de los dos jóvenes actores y la luz que inunda la pista de hielo, todo contribuye a una experiencia cinematográfica gratificante.
Pero al final, ‘My Sunshine’ plantea una pregunta fundamental: ¿de qué trata realmente esta historia? Quizás Okuyama busca explorar la naturaleza efímera de las relaciones humanas. La mayoría de las conexiones, sugiere el director, surgen de forma inesperada, atraviesan un punto álgido en nuestras vidas y luego se desvanecen. Aunque pueda ser doloroso aceptarlo, es imposible aferrarse al pasado. Como la primera nevada que cubre el mundo, pero que inevitablemente se derrite, las relaciones nacen, florecen y desaparecen con el paso de las estaciones.
Sakura, Takuya y Arakawa, tres personajes que parecen solitarios, comparten un breve momento en sus vidas antes de regresar a sus respectivos caminos. ‘My Sunshine’ no emite juicios, no ofrece conclusiones ni muestra compasión o preocupación, simplemente observa. ¿Arakawa despreciaba a Sakura o simplemente la envidiaba? ¿Takuya amaba a Sakura o al patinaje? ¿A dónde se ha ido Arakawa y qué hará con su vida? Tal vez no importe. La vida continúa.
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