Un reciente artículo publicado por Popular Science ha llamado la atención sobre el hábito, común en niños e incluso adultos, de ingerir mucosidad nasal. Aunque la prevalencia exacta de esta práctica es difícil de determinar debido a la falta de datos precisos, los estudios aún no han esclarecido sus causas directas en la infancia.
Para los adultos, la imagen de un niño consumiendo su propia mucosidad puede resultar desagradable, pero para los más pequeños, este comportamiento es natural y no genera ninguna vergüenza.
Las pocas investigaciones disponibles sugieren que la costumbre de hurgar y limpiar la nariz no se limita a los niños, sino que también es practicada por adultos. Un estudio realizado en 2001 con adolescentes en la India reveló que la mayoría admitía esta práctica, e incluso algunos confesaron ingerir la mucosidad, aunque las razones detrás de ello no fueron estudiadas sistemáticamente.
Este fenómeno tampoco es exclusivo de los humanos. Se ha observado en al menos 12 especies de primates. La bióloga evolutiva Anne-Claire Fabre, mientras observaba un lémur “aye-aye” – conocido por su largo dedo medio utilizado para extraer insectos – se sorprendió al verlo extraer mucosidad de su nariz y luego lamer su dedo para limpiarlo.
Este descubrimiento llevó a Fabre a revisar la literatura científica, donde encontró que gorilas, chimpancés, macacos y otros primates exhiben el mismo comportamiento, a veces utilizando los dedos y otras veces herramientas. Incluso, algunas especies se limpian la nariz mutuamente.
La mucosidad está compuesta principalmente por agua (más del 98%), además de una sustancia proteínica, carbohidratos y sales. Algunos investigadores sugieren que la ingestión de estos componentes podría proporcionar algún beneficio nutricional, similar a lo que hacen algunos animales al comer sus propias heces para extraer nutrientes residuales.
Esta idea ha abierto la puerta a la pregunta de si existe una base evolutiva para este comportamiento en los humanos. La mucosidad actúa como una barrera protectora que atrapa el polvo y los gérmenes antes de que lleguen a los pulmones. Una hipótesis planteada en 2013 sugiere que ingerir mucosidad podría exponer a los niños a pequeñas dosis de patógenos, ayudando a su sistema inmunológico a reconocerlos. Sin embargo, esta hipótesis aún no ha sido probada científicamente.
Por otro lado, algunos expertos, como el Dr. Chitaranjan Andrade, autor de un estudio sobre el hábito de hurgar la nariz en adolescentes, cuestionan la validez de esta teoría, argumentando que la cantidad de material inmunitario en la mucosidad seca es mínima y se descompone durante la digestión, limitando su impacto. Otros advierten que la mucosidad puede transmitir bacterias que causan neumonía, lo que requiere precaución, especialmente en personas con sistemas inmunológicos debilitados.
Ante la falta de evidencia científica sobre los beneficios inmunológicos de este comportamiento, los investigadores han buscado explicaciones más simples. La mucosidad puede causar picazón o incomodidad, lo que lleva al niño a extraerla, y luego, por curiosidad, a probarla. Algunos niños incluso han confesado a los investigadores que disfrutan de la textura y el sabor de la mucosidad.
El Dr. Andrade cree que los niños practican este hábito porque aún no está estigmatizado socialmente como lo está en los adultos. Sin embargo, con el regaño y la supervisión, esta práctica tiende a disminuir en público.
En conclusión, la razón exacta por la que los niños comen mucosidad sigue siendo incierta. Sin embargo, Fabre se inclina por una explicación sencilla: quizás lo hacen porque simplemente les gusta. (عربي21)
