El problema de la obesidad en EE. UU. No es el costo, sino la preferencia por la comida chatarra
Existe una creencia ampliamente aceptada de que la crisis de obesidad en Estados Unidos es el resultado de que los alimentos saludables son costosos mientras que la comida chatarra es económica. Sin embargo, Tamar Haspel, en una columna para The Washington Post, sostiene que esta percepción es errónea y que las preferencias de sabor desempeñan un papel mucho más importante que los precios.
Haspel argumenta que, si bien es cierto que la comida chatarra suele ser más barata que muchas opciones saludables, el costo no es el factor que impulsa la obesidad. Según la autora, la razón principal por la que las personas evitan consumir vegetales no es siempre la falta de capacidad económica, sino que simplemente no les gustan.

Para sustentar esta afirmación, la columnista cita un estudio reciente de la Universidad de Duke que aporta evidencia sólida sobre el hecho de que el precio no es el problema central. Esta conclusión se refleja también en los resultados de los programas de prescripciones de productos agrícolas
(produce prescriptions), en los cuales se entrega dinero o cajas de vegetales a domicilio. Haspel señala que, en estos casos, los resultados no cambian, incluso cuando se añade apoyo y educación.
La autora plantea que, si la obesidad y sus enfermedades relacionadas fueran impulsadas principalmente por la falta de dinero para adquirir alimentos saludables, se observaría que las personas más pobres son las más pesadas y que las dietas mejorarían a medida que aumentan los ingresos. No obstante, indica que los datos no muestran esa tendencia.
Finalmente, el texto menciona que la idea de que las disparidades en los precios de los alimentos causan la obesidad ha sido promovida durante al menos 20 años por Michael Pollan, autor de The Omnivore’s Dilemma
, lo que ha llevado a que esta teoría sea aceptada casi universalmente a pesar de ser, según Haspel, incorrecta.
