El oro experimentó una fuerte volatilidad a finales de enero y principios de febrero. Tras un período de alzas, el precio del metal precioso sufrió un descenso abrupto el viernes 30 de enero, tendencia que se extendió a principios de la semana siguiente. No obstante, el martes 3 de febrero se observó una recuperación significativa, lo que sugiere que parte de las ventas iniciales fueron de carácter técnico o forzadas, más que reflejar un cambio fundamental en las perspectivas del mercado.
La presión de venta persistió el lunes 2 de febrero. En situaciones como esta, las causas suelen ser múltiples. Factores monetarios y dinámicas del mercado juegan un papel importante. El oro es particularmente sensible a las expectativas sobre las tasas de interés en Estados Unidos y a la evolución del dólar.
Cuando el mercado anticipa tasas de interés más altas y sostenidas, el dólar tiende a fortalecerse, lo que reduce el atractivo del oro a corto plazo, dado que este no genera intereses. El World Gold Council, una organización internacional de referencia en la industria del oro, destaca que la combinación de tasas de interés y el valor del dólar es uno de los principales determinantes de las fases alcistas y correctivas del mercado.
Sin embargo, la aceleración de la caída también se explica por un factor concreto: una parte importante del oro se negocia a través de contratos de futuros, es decir, compromisos de compra o venta a una fecha futura. Para abrir y mantener una posición en estos contratos, los operadores deben depositar un margen, una suma de dinero inmovilizada como garantía. Cuando este margen aumenta, los operadores más expuestos deben aportar fondos adicionales rápidamente o reducir sus posiciones.
Precisamente esto ocurrió en un momento de tensión en el mercado. El CME Group, un importante operador estadounidense de mercados de derivados que supervisa el COMEX, la principal plataforma para los contratos de futuros de metales, anunció un aumento en los requisitos de margen para varios contratos de metales, con efecto a partir del cierre del 2 de febrero de 2026.
En otras palabras, a partir de esa fecha, algunos operadores debieron depositar mayores garantías para mantener sus posiciones. En un mercado nervioso, esto puede transformar una corrección normal en un desplome, ya que se desencadenan ventas para reducir el riesgo o cumplir con los nuevos requisitos de margen.
El rebote del martes 3 de febrero se inscribe en esta lógica. Tras dos sesiones de pérdidas, el mercado experimentó una “descompresión”. Algunos inversores aprovecharon para recomprar a precios más bajos, mientras que otros cerraron posiciones consideradas demasiado riesgosas, lo que impulsó una rápida recuperación.
En el contrato estadounidense más negociado, la sesión del 3 de febrero concluyó con un aumento de alrededor del 6%, considerado uno de los movimientos más significativos desde la crisis financiera de 2008.
