Los precios del oro experimentaron una caída significativa tras el anuncio de la extensión del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán por parte de Donald Trump, lo que redujo el temor en los mercados y llevó a los inversores a vender el activo considerado tradicionalmente como refugio seguro.
Según informes, el oro llegó a caer hasta un 3,1% en un momento dado antes de recuperar parcialmente esas pérdidas, influenciado además por el fortalecimiento del dólar estadounidense y el aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro, factores que hacen que el oro sea menos atractivo ya que no genera intereses.
Al mismo tiempo, los precios del petróleo subieron por encima de los 100 dólares por barril, aumentando las presiones inflacionarias a nivel global y llevando a los mercados a anticipar que los bancos centrales podrían mantener o incluso aumentar las tasas de interés, lo que ejerce una presión adicional sobre el oro.
El análisis indica que, desde el inicio del conflicto a finales de febrero, el oro ha perdido aproximadamente un 11% de su valor, con ventas iniciales motivadas por la necesidad de cubrir pérdidas en otros activos durante períodos de alta volatilidad.
A pesar de la caída reciente, el oro sigue siendo considerado un activo de refugio a largo plazo, aunque su desempeño a corto plazo permanece vulnerable a los cambios en la percepción de riesgo, la política monetaria y la fuerza del dólar.
