El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa crónica que afecta principalmente a personas mayores de 60 años, aunque puede manifestarse a edades más tempranas. Se caracteriza por trastornos del movimiento, como temblores, rigidez muscular, lentitud en los movimientos y problemas de equilibrio. La causa principal es la pérdida progresiva de neuronas productoras de dopamina, un neurotransmisor esencial para el control del movimiento, la memoria y el aprendizaje.
La levodopa (L-Dopa) es el tratamiento más común y efectivo para aliviar los síntomas del Parkinson. Este fármaco, desarrollado a finales de la década de 1960, permite al cerebro producir dopamina y mejorar las funciones motoras. Sin embargo, su uso prolongado puede generar efectos secundarios como disquinesias, fluctuaciones en la respuesta al medicamento e incluso síntomas cognitivos y emocionales. Por ello, comprender las causas de estos efectos adversos es crucial para optimizar el tratamiento.
Un reciente estudio realizado por investigadores del CONICET en el Centro de Investigaciones en Química Biológica de Córdoba (CIQUIBIC, CONICET-UNC) y la Universidad Grenoble Alpes (Francia) ha revelado una nueva interacción de la L-Dopa con las neuronas. La investigación, publicada en la revista npj Parkinson’s Disease, sugiere que el fármaco podría alterar la estructura interna de las neuronas, contribuyendo a los efectos secundarios a largo plazo.
Los científicos descubrieron que la L-Dopa puede incorporarse a los microtúbulos, estructuras internas de las neuronas que actúan como “rieles” para el transporte de sustancias esenciales y el mantenimiento de las conexiones neuronales (sinapsis). Según Gastón Bisig, investigador del CONICET en el CIQUIBIC y uno de los líderes del estudio, “cuando L-Dopa se integra en estos microtúbulos, los hace menos dinámicos, afectando su ingreso a las espinas dendríticas, que son cruciales para la comunicación neuronal. Esto puede llevar a la pérdida de espinas dendríticas y, en última instancia, a una inestabilidad sináptica que explicaría algunas de las complicaciones del tratamiento prolongado con L-Dopa”.
Los ensayos
Para confirmar esta hipótesis, los investigadores utilizaron cultivos de neuronas obtenidas de ratones, sometiéndolas a tratamiento con L-Dopa y analizando los cambios en la forma y cantidad de espinas dendríticas mediante microscopía de alta resolución. También realizaron tinciones fluorescentes para visualizar las estructuras internas de las células y observar la dinámica de los microtúbulos en tiempo real. Además, trabajaron con neuronas modificadas genéticamente para demostrar que los efectos negativos solo se producen cuando la L-Dopa se incorpora a los microtúbulos.
“Realizamos estudios bioquímicos complementarios en el laboratorio, donde pudimos comprobar que una vez que la L-Dopa se incorpora a los microtúbulos, las enzimas celulares no logran eliminarla, lo que sugiere que este cambio puede ser persistente”, explica Agustina Zorginotti, primera autora del estudio, actualmente en la Universidad Grenoble Alpes.
Nuevas estrategias terapéuticas en el horizonte
Si bien los investigadores coinciden en que la L-Dopa sigue siendo una herramienta indispensable para tratar los síntomas motores del Parkinson, los resultados de este estudio abren la puerta a una reflexión sobre su uso a largo plazo. “Si la L-Dopa modifica los microtúbulos y produce una pérdida de espinas dendríticas y sinapsis, esto podría contribuir a los problemas que aparecen con el tiempo”, señala Bisig.
Los hallazgos sugieren la posibilidad de desarrollar nuevas terapias que protejan los microtúbulos o impidan la incorporación de la L-Dopa en ellos, o incluso tratamientos complementarios que mantengan la plasticidad sináptica y reduzcan la vulnerabilidad neuronal. “Nuestros resultados invitan a pensar en la terapia del Parkinson de una manera más integral, considerando no solo la química del neurotransmisor, sino también la salud estructural de las conexiones neuronales”, agrega Zorginotti.
Este trabajo fue un esfuerzo colaborativo entre el equipo del CIQUIBIC y el laboratorio de la Universidad Grenoble Alpes, con un papel central de Zorginotti como enlace entre ambos. La combinación de la experiencia argentina en estudios in vitro y la especialización francesa en dinámica de espinas dendríticas y modelos animales modificados fue clave para el éxito de la investigación.
Zorginotti concluye que, más allá de los experimentos, una investigación de este tipo requiere un gran esfuerzo de equipo, desde la planificación y el análisis de los resultados hasta la redacción y revisión del manuscrito. “Contar con un equipo donde cada miembro aporta su experiencia y perspectiva fue fundamental para lograr un proyecto más completo”.
