El Gobierno del Perú rompió relaciones diplomáticas con la República Islámica de Irán el 1 de septiembre de 2026. La decisión de la administración de Keiko Fujimori responde al deterioro de la democracia, las restricciones al comercio en el estrecho de Ormuz y la obstrucción a las inspecciones nucleares del OIEA.
La ruptura de vínculos diplomáticos desde Torre Tagle
El Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú oficializó el quiebre de los lazos diplomáticos con Teherán mediante el Comunicado Oficial 014-26, emitido el 1 de septiembre de 2026. La medida, fundamentada en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961 y notificada a través de una nota diplomática cursada por la embajada iraní en Ecuador, marca un hondo distanciamiento de Lima frente al régimen de la República Islámica.

Desde la Cancillería peruana explicaron que la acción se sustenta en su histórica vocación pacifista y en un compromiso indeclinable con el respeto al derecho internacional. Sin embargo, las autoridades aclararon que la medida no entraña la ruptura de relaciones consulares, las cuales continúan vigentes conforme a la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares de 1963 para resguardar a los ciudadanos de ambos países.
La crisis en el estrecho de Ormuz y la economía global
Uno de los factores determinantes para el Gobierno peruano fue la severa disrupción del comercio internacional en el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica que sufre restricciones desde marzo de 2026 en el contexto de la escalada bélica entre Estados Unidos e Irán.
El Ejecutivo peruano advirtió que estas acciones vulneran la libertad de navegación y el derecho de paso internacional.
Democracia, derechos humanos y el Organismo Internacional de Energía Atómica
Además de las tensiones marítimas, el Ministerio de Relaciones Exteriores argumentó que Lima observó con creciente consternación el deterioro institucional en territorio iraní. La cancillería señaló el retroceso de la democracia, la represión de protestas pacíficas, la limitación de la libertad de prensa, la discriminación contra mujeres y niñas, y la persecución implacable de opositores políticos, respaldándose en denuncias de distintos mecanismos de las Naciones Unidas.

En el plano de la seguridad internacional, el Gobierno peruano condenó de forma enérgica que Teherán incite a la violencia en Medio Oriente. Asimismo, cuestionó severamente la obstrucción a las labores del OIEA, señalando que se ha negado el acceso de inspectores a instalaciones nucleares, lo que entorpece la verificación indispensable para descartar la fabricación de armamento atómico.
Control del tráfico marítimo y la postura de Washington
La decisión de Lima coincide con un escenario de máxima tensión en el golfo Pérsico. Por un lado, la administración del presidente estadounidense Donald Trump ha sostenido que las fuerzas navales norteamericanas mantienen el control del estrecho. Por otro lado, la autoridad iraniza de la zona ha reiterado que el paso marítimo permanecerá bloqueado hasta que se cumplan las demandas de Teherán.
Pese a las restricciones y a los enfrentamientos recientes en la región —que incluyen bombardeos estadounidenses y respuestas militares iraníes en zonas de Oriente Medio—, firmas de análisis como Kpler han registrado un aumento paulatino de embarcaciones que optan por rutas alternativas o vías vigiladas para sortear el conflicto, evidenciando un complejo pulso geopolítico que continúa reconfigurando las alianzas diplomáticas globales.
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