Un equipo de paleontólogos ha descubierto la piel fosilizada de reptil más antigua conocida, con una datación de 289 millones de años. Este pequeño fragmento de piel, hallado en la cueva de Richards Spur en Oklahoma, ofrece una visión sin precedentes de las primeras adaptaciones que permitieron a los reptiles prosperar en tierra firme, mucho antes de la era de los dinosaurios. El innovador estudio, publicado en Current Biology, no solo arroja luz sobre cómo evolucionaron los primeros reptiles, sino que también destaca la rareza y la importancia de la fosilización de tejidos blandos.
Un Hallazgo Raro y Precioso: Piel Fosilizada de Hace 289 Millones de Años
La piel fosilizada es un hallazgo extraordinariamente raro, especialmente de reptiles antiguos que vivieron durante el período Carbonífero. A diferencia de los huesos o los dientes, la piel se descompone rápidamente después de la muerte, dejando muy pocos rastros. Sin embargo, las condiciones particulares de la cueva de Richards Spur, sustancias a base de petróleo que se filtraron en el barro de la cueva y bajos niveles de oxígeno, crearon un entorno que ralentizó la descomposición de los tejidos blandos. Estas condiciones únicas preservaron la piel durante millones de años, ofreciendo una rara visión del pasado evolutivo de los reptiles.
El fragmento de piel, no más grande que una uña y tan delgado como un cabello humano, fue extraído meticulosamente del sedimento de la cueva y analizado bajo un microscopio. Los científicos pudieron identificar escamas y arrugas en el fósil, que se asemejan a las de los cocodrilos actuales, lo que indica que algunas características de la piel de los reptiles han sido estables durante cientos de millones de años.
Credit: Current Biology.
Revelando Adaptaciones Evolutivas para la Vida en Tierra Firme
La piel fosilizada ofrece evidencia convincente de que los primeros reptiles ya habían desarrollado escamas resistentes al agua mucho antes del auge de los dinosaurios. Esta característica fue crucial para la supervivencia en tierra seca, ya que ayudó a prevenir la deshidratación, un gran desafío para los primeros vertebrados que hacían la transición de entornos acuáticos a hábitats terrestres.
El autor principal del estudio, Ethan D. Mooney, estudiante de maestría en paleontología en la University of Toronto Mississauga, explicó que el descubrimiento proporciona información valiosa sobre cómo los reptiles adaptaron su piel a la vida lejos del agua. La disposición de las escamas en el fósil, con filas de estructuras rígidas separadas por zonas de bisagra, sugiere que los primeros reptiles ya habían desarrollado una piel especializada que podía flexionarse al tiempo que proporcionaba protección contra las tensiones ambientales.

Photograph of scale impressions for (A) lepospondyl ROMVP 88279 and (B) Llistrofus OMNH 73718. Both specimens are from partially articulated skeletal remains, the latter being associated with the crania and the former with the postcranial regions (see Figure S1). Photograph of Acheloma (C) ROMVP 88276 and (D) close-up of small spicule-like structures. (E) ROMVP 88277 and (F) close-up of scales; these specimens are isolated rolled-up pieces. (G) Unknown tetrapod scales, ROMVP 88302, complete photograph, and (H) close-up of scales. This specimen is associated with vertebrae. Unknown tetrapod scales (I) ROMVP 88303, complete photograph, and (J) close-up showing unique morphology of scales; this specimen is associated with vertebrae. Photograph of OMNH 73718 taken by Diane Scott.
El Papel del Petróleo y el Bajo Oxígeno en la Preservación del Fósil
Uno de los factores clave que permitió la preservación de la piel fue la presencia de hidrocarburos pegajosos, moléculas a base de petróleo, que se filtraron en el sedimento de la cueva. Estos hidrocarburos crearon un revestimiento protector alrededor de los restos, bloqueando el oxígeno y el agua para que no llegaran a los microbios que normalmente causarían la descomposición. Además, los bolsillos de bajo oxígeno en la cueva ralentizaron el proceso de descomposición, preservando el fósil durante millones de años.
Los investigadores señalan que, si bien la técnica de preservación basada en petróleo protegió la piel de la descomposición completa, también planteó desafíos. La presencia de hidrocarburos dificultó el análisis detallado de la composición química de la piel. A pesar de estos desafíos, el fósil proporcionó suficiente información para que el equipo lograra avances significativos en la comprensión de la piel de los primeros reptiles y su papel en la conservación del agua.

(A) Specimen photograph in dorsal view; (B) skeletal rendering showing corneous bands in blue relative to skeletal elements and the red dashed line indicating cross-section location; (C) transverse cross-sectional view of nCT slice showing cornified structures directly overlying vertebral elements. The bands are single rather than paired, and the largest appears to be approximately 9.8 mm in width, and 0.5 mm in length cranio-caudally. The flexiblity of such cornifications and their concentric arrangment would accomodate typcial reptilian lateral undulating movements. The concentric banded pattern of these cornified structures is similar to the skin impressions in the early Permian synapsid Ascendonanus nestrleri from the Chemnitz locality in Germany.14 Their arrangement is similar to even-rowed dorsal scales among extant squamates like amphisbaenians (worm lizards)15 and those of many caenophidian snakes, whose vertebrae correspond to a set number of rows,16 but as well superficially to the general arrangement of even-rowed ventral scales in select teiids17 and varanids.18
Próximos Pasos en la Investigación de la Evolución Reptiliana
Si bien el descubrimiento, publicado en Current Biology, ofrece información innovadora sobre la vida temprana de los reptiles, también plantea nuevas preguntas. El fragmento de piel fosilizado se encontró sin un esqueleto adherido, lo que dificulta la identificación completa de la especie a la que perteneció. Sin embargo, el equipo hipotetiza que la piel probablemente proviene de Captorhinus aguti, un pequeño reptil con forma de lagarto conocido por habitar el sistema de cuevas.
Los futuros estudios se centrarán en vincular el fragmento de piel a un esqueleto completo, lo que ayudará a los investigadores a comprender mejor cómo se desarrollaron los primeros reptiles y cómo evolucionó su piel con el tiempo. Al conectar las características de la piel con los rasgos esqueléticos, los científicos pueden construir una imagen más completa de la vida temprana de los amniotas en tierra firme.
