¿Alguna vez te has preguntado cómo es enfrentarse a una entrevista de trabajo donde no hay un ser humano al otro lado, sino una inteligencia artificial? En Nueva Zelanda, miles de candidatos ya están experimentando esta nueva realidad, y el proceso es tan curioso como suena.
La tecnología ha dado un paso adelante en los procesos de selección, dejando de lado las videollamadas tradicionales para dar paso a sistemas automatizados. Recientemente, se puso a prueba esta modalidad para entender qué se siente al ser evaluado por un algoritmo que analiza cada palabra y respuesta en tiempo real.
El proceso comienza con una invitación digital, donde el aspirante se conecta a una plataforma que guía la entrevista paso a paso. A diferencia de una conversación convencional, aquí la IA plantea una serie de preguntas predefinidas, marcando el ritmo de la sesión y esperando las respuestas del candidato, todo bajo un entorno estrictamente controlado por el software.
Para muchos, la experiencia resulta desconcertante. Al no tener a una persona con quien establecer contacto visual o recibir retroalimentación gestual, la sensación de estar hablando frente a una pantalla puede sentirse fría y despersonalizada. Sin embargo, este es el nuevo estándar que muchas empresas están adoptando para filtrar a los miles de aspirantes que aplican a sus vacantes.
A pesar de la precisión técnica y la eficiencia que promete este método, la experiencia humana —ese «click» o la química que surge en una entrevista presencial— parece quedar en un segundo plano. La pregunta que queda en el aire es: ¿podrá realmente una máquina captar el potencial, la creatividad o la personalidad de un candidato, o estamos sacrificando el factor humano en nombre de la automatización?
Lo cierto es que, para los buscadores de empleo, adaptarse a esta tendencia es ya una necesidad. La tecnología no solo está cambiando el mercado laboral en Nueva Zelanda, sino que está redefiniendo por completo el primer contacto entre quien ofrece el puesto y quien sueña con ocuparlo.
