La biblioteca, tradicionalmente no es el lugar más popular entre los adolescentes. “Solía estar solo, o la gente estudiando en las esquinas”, comenta David Assani, estudiante de Hillcrest High School.
La situación cambió cuando el estado de Texas ordenó la prohibición de los teléfonos celulares en las escuelas. “Uno pensaría que surgirían problemas de disciplina”, señala Nina Canales, bibliotecaria de Hillcrest High School. Aunque algunos estudiantes, como Rachel Pedraza, admitieron que planeaban encontrar la forma de evadir la norma: “La mayoría de los chicos ya estaban pensando en cómo abrir las fundas y sacar los teléfonos”.
Sin embargo, la prohibición tuvo un efecto inesperado: la biblioteca se convirtió en el nuevo punto de encuentro. “No tenían nada más que hacer porque no tenían sus teléfonos”, explica Canales. La bibliotecaria aprovechó la oportunidad para desempolvar libros, audiolibros y proyectos STEM que habían permanecido sin usar durante más de un año.
“En las primeras tres semanas, las solicitudes de libros se duplicaron”, afirma Canales, sorprendida por el aumento. “Literalmente pensé que algo andaba mal, así que volví a verificar los números, y era cierto”.
Estudiantes como Rachel, Naveah y Alexa ahora visitan la biblioteca casi a diario. Durante una visita reciente, se les vio realizando una actividad artística inspirada en redes sociales, mientras conversaban sobre sus lecturas. “Ella me recomienda un libro y yo le recomiendo uno a ella, así ambos tenemos tiempo para leer”, dice Pedraza.
El interés por la lectura se ha extendido más allá de las paredes de la biblioteca. Genesis Velasquez relata: “Cuando terminaba mi tarea, no tenía nada que hacer, así que empecé a leer un libro llamado ‘Six Paper Greens’”. Genesis está descubriendo sus géneros favoritos y, aunque tiene su teléfono a mano, prefiere alcanzar a su autor predilecto. “Tenían todos sus libros aquí. Los terminé de leer, creo que fueron cuatro, y son bastante largos”, añade Velasquez.
Hillcrest High School ha abrazado la lectura de una manera que nadie esperaba. “Nunca pensé que en 2025 vería algo así”, confiesa Canales.
El aumento de la afluencia a la biblioteca ha significado que David Assani haya tenido que ceder su espacio tranquilo, pero lo toma con buen humor: “Cuantos más, mejor. Ha permitido que la gente empiece a hablar entre sí. Me gusta mucho la comunicación que ha generado”.
La iniciativa ha sorprendido gratamente a algunos padres que inicialmente se oponían a la prohibición de los teléfonos. El nuevo pasatiempo de los estudiantes ha creado un nuevo desafío: la necesidad de adquirir más libros, algo que la escuela puede afrontar.
