La publicidad de comida rápida, omnipresente en partidos y series, coincide con el aumento de los índices de sobrepeso. En Francia, los alimentos ultraprocesados ya ocupan un lugar destacado en la dieta. Muchos se preguntan cómo resistir a esta silenciosa presión.
Un equipo de investigación australiano ofrece una respuesta sorprendente. Según un estudio de la Edith Cowan University, ciertos mensajes de 15 segundos pueden ser suficientes para disminuir el deseo inmediato de comida chatarra en adultos, siempre y cuando se elija el tono adecuado.
Publicidad de comida rápida: un impacto real en la salud
Repletos de azúcar, sal, grasas y aditivos, los alimentos ultraprocesados proporcionan alrededor del 35% de la ingesta calórica en Francia, en comparación con el 60% en Estados Unidos, según el Inserm.
Un análisis de 104 estudios los asocia con un mayor riesgo de obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes, depresión y cáncer colorrectal.
En niños, investigaciones presentadas en el Congreso Europeo sobre la Obesidad indican que 5 minutos diarios de anuncios de productos grasos, salados o azucarados son suficientes para aumentar la ingesta en aproximadamente 130 kilocalorías.
La Organización Mundial de la Salud se preocupa por esta agresiva estrategia de marketing. Sin embargo, ante esta avalancha de imágenes, queda por saber qué contra-mensajes pueden tener un impacto en sentido contrario.
Una reducción de los impulsos alimenticios por comida rápida
¿La duración y el encuadre de los anuncios de comida rápida y contra la comida rápida influyen realmente en los deseos inmediatos de los adultos con sobrepeso? Por anuncios anti-comida rápida, se entiende campañas de salud pública destinadas a disuadir a las personas de consumir alimentos poco saludables, ya sea advirtiéndoles de los riesgos para la salud o promoviendo opciones más saludables. “La publicidad de comida rápida en Australia sigue estando en gran medida no regulada, a pesar de las importantes preocupaciones en materia de salud pública”, precisa el Dr. Hollett de la Universidad Edith Cowan (Australia) y principal autor del estudio. “Queríamos comprender lo que sucede realmente en los instantes posteriores a la visualización de anuncios de comida rápida y contra la comida rápida por parte de los adultos”.
Para responder a esta pregunta, el equipo del Dr. Ross Hollett reclutó a 505 adultos. Los voluntarios, clasificados en peso normal o con sobrepeso/obesidad, vieron un anuncio de comida chatarra, un anuncio anti-comida chatarra de 15 o 30 segundos, o un anuncio neutro. Luego se les pidió que calificaran su deseo e intención de comer. Las respuestas se analizaron distinguiendo dos grupos: las personas con un peso normal y las que tenían sobrepeso u obesidad.
Un primer hallazgo: un solo anuncio de comida chatarra, ya sea de 15 o 30 segundos, no aumentó significativamente los deseos ni la intención de comer, aunque la repetición de los anuncios puede normalizar estos alimentos.
Por el contrario, los anuncios anti-comida rápida de la campaña LiveLighter redujeron los impulsos alimenticios y las intenciones en ambos grupos de IMC. “Para algunos espectadores, un mensaje corto e impactante puede tener un impacto inmediato mayor que un anuncio más largo”, explica el Dr. Hollett.
¿El cóctel adecuado? Formatos express de 15 segundos y mensajes positivos
En las personas con peso normal, un anuncio de 15 segundos criticando la comida chatarra frenó mejor el deseo que un anuncio de 30 segundos.
Para aquellas con sobrepeso u obesidad, un anuncio de 15 segundos que destacaba opciones saludables fue el más eficaz.
“Esto sugiere que los mensajes formulados de manera positiva pueden resonar más entre las poblaciones con mayores riesgos para la salud”, precisa el investigador.
El Dr. Hollett declaró que aumentar la frecuencia de los mensajes de salud breves y formulados de manera positiva podría contribuir a reducir los riesgos para la salud pública asociados al consumo de comida rápida. Estos resultados desafían la idea de que se necesitan campañas largas para cambiar nuestros hábitos. La clave podría estar en unas pocas palabras bien elegidas.
