La obsesión por la longevidad ha alcanzado las más altas esferas del poder en Rusia, donde el presidente Vladimir Putin ha convertido la investigación para frenar o revertir el envejecimiento en una prioridad nacional. Esta búsqueda, impulsada por una combinación de ambiciones políticas, culturales e incluso filosóficas, revela una estrategia para consolidar el poder y evitar una transición de liderazgo, al tiempo que se alimenta de una fascinación histórica por la inmortalidad.
Un Presidente «Ciborg» y la Propaganda de la Salud
En una reciente conferencia de prensa, antes de abandonar China, Vladimir Putin expresó su creencia en que la medicina moderna, especialmente los avances en cirugía de reemplazo de órganos, ofrecen la posibilidad de aumentar significativamente la esperanza de vida. Esta declaración, rápidamente censurada por las autoridades chinas, se suma a una campaña cuidadosamente orquestada por el Kremlin para proyectar una imagen de salud y vitalidad excepcionales del presidente.
A sus 73 años, Putin supera con creces la esperanza de vida masculina rusa, que se estima en 68 años para 2024. El mandatario, quien ha sido objeto de especulaciones sobre posibles cirugías estéticas, se presenta como un líder activo, dedicado al trabajo, que se somete a «revisiones de salud anuales» y que incluso, según un «amigo cercano», podría ser descrito como un «cyborg». Esta imagen cuidadosamente construida busca justificar su ambición de permanecer en el poder por al menos una década más.
Inversión Científica y la Búsqueda de la «Inmortalidad»
La obsesión de Putin por prolongar la vida se ha traducido en un aumento significativo de la financiación para la investigación anti-envejecimiento. Según una investigación del periódico ruso Novaïa Gazeta, el financiamiento para este tipo de estudios por parte de la Fundación Rusa de Ciencia pasó de 215.000 euros entre 2016 y 2020 a 1,8 millones de euros desde 2021. Entre los proyectos aprobados se encuentra la impresión en 3D de órganos para facilitar los trasplantes.
Esta inversión no es meramente científica; tiene una profunda dimensión política. Un líder que permanece en el poder durante mucho tiempo y en buena salud se percibe como un símbolo de estabilidad y fortaleza, algo crucial en un régimen autoritario. Además, permite al Kremlin posponer la delicada cuestión de la sucesión. El investigador Alexander Gabuev señala que «Vladimir Putin no está preparando un sucesor, temiendo debilitar su propio poder», y que cualquier persona que designe probablemente sería «mucho más débil que [él]».
Raíces Culturales y el Legado del Cosmismo
La fascinación rusa por la inmortalidad tiene raíces históricas y culturales profundas, particularmente en el movimiento del cosmismo del siglo XIX. Esta corriente de pensamiento, que combinaba ciencia y misticismo, abogaba por la conquista del cosmos a través del progreso tecnológico como medio para escapar de la mortalidad. Aunque reprimido durante la era soviética, el cosmismo resurgió cuando Putin rindió homenaje en 2007 a Konstantin Tsiolkovski, pionero espacial y figura clave del movimiento, quien concebía la muerte como un sueño temporal antes de un renacimiento.
El periodista Andrey Pertsev ha comentado con humor sobre la caricaturesca imagen de un hombre mayor que se esfuerza por aparentar juventud, señalando que «no hay nada extraordinario ni aterrador en envejecer, pero el rechazo a aceptarlo se convierte en una fuente de comedia». Pertsev añade que las excentricidades de Putin, propias de un anciano, demuestran que nadie se atreve a cuestionar al líder, una situación que considera «demasiado arriesgada» en un régimen autoritario personalizado.
