Para recuperar la mayoría en la Cámara de Representantes en las elecciones de mitad de periodo de 2026, los demócratas deberán superar sus resultados nacionales de 2024 por casi 5 puntos porcentuales. Según un análisis de Axios basado en datos de The Downballot, el MIT Election Lab y Dave’s Redistricting App, la reciente redistribución de distritos impulsada por estados republicanos ha elevado significativamente el umbral necesario para que el Partido Demócrata tome el control del Congreso.
El impacto de los nuevos mapas electorales
Antes de esta ola de redistribución, los demócratas necesitaban superar los márgenes obtenidos por Kamala Harris en 2024 por 3.1 puntos para alcanzar la mayoría. Ahora, esa cifra ha ascendido a 4.9 puntos. El análisis de Axios sugiere que los nuevos mapas otorgan a los republicanos una ventaja de casi 2 puntos adicionales en el margen nacional. A pesar de que los demócratas mantienen una ventaja de casi 6 puntos en el voto genérico al Congreso, según datos del agregador de encuestas FiftyPlusOne al 7 de junio de 2026, el diseño de los distritos complica su camino a los 218 escaños necesarios.
El origen de la redistribución a mitad de década
El conflicto comenzó cuando el presidente Trump impulsó una redistribución temprana en Texas, extendiendo posteriormente esta estrategia a nivel nacional para proteger la mayoría republicana. La decisión de la Corte Suprema en el caso Louisiana v. Callais en abril facilitó este proceso, al permitir que los objetivos partidistas prevalezcan sobre las acusaciones de debilitar el poder de los votantes negros. Como resultado, estados como Luisiana, Alabama y Tennessee han modificado distritos clave. En Alabama, la Corte Suprema permitió el uso de un mapa de 2023 que un tribunal inferior había calificado como discriminatorio contra los votantes negros.
Consecuencias para los congresistas
La nueva configuración ha forzado a los legisladores a tomar decisiones drásticas. Algunos han optado por el retiro, como el representante demócrata por Tennessee, Steve Cohen, cuyo distrito vio reducida la población negra en edad de votar del 60.3% al 31.7%. Otros, como la representante de Florida, Debbie Wasserman Schultz, han cambiado de distrito, compitiendo ahora en un área que comparte apenas el 2.1% de la población de su anterior circunscripción. Por su parte, el representante de Luisiana, Cleo Fields, se enfrenta a un electorado que respaldó a Trump por una diferencia de 32 puntos.
¿Es este sesgo histórico?
Aunque el sesgo pro-republicano es evidente, el profesor de la Facultad de Derecho de Harvard, Nicholas Stephanopoulos, señala que la situación actual «no es ni remotamente tan mala» como la observada tras 2010, cuando los mapas fueron diseñados con una agresividad mayor. En 2012, por ejemplo, los demócratas requerían una victoria nacional de 5.6 puntos para controlar la Cámara. No obstante, Stephanopoulos advierte que, si bien el control mayoritario es fundamental, la magnitud de esa mayoría también tiene peso político, y un sesgo estructural podría costarles la Cámara a los demócratas en 2028 si los resultados populares son estrechos.
