En diciembre pasado, la ciclista Leandra Brickson se encontró con una escena desgarradora mientras recorría una carretera remota cerca de Almería, España. Dos cachorros diminutos vagaban solos, a kilómetros de cualquier hogar y sin nadie que los ayudara.
“Me detuve porque era extraño ver a dos cachorros muy jóvenes solos en el campo,” escribió Brickson. “Me tomó unos 30 minutos de hablarles suavemente y parecer accesible antes de que confiaran lo suficiente en mí para tocarlos.”
Poco a poco, los cachorros asustados comenzaron a relajarse. Pronto, estaban bebiendo de la botella de agua de Brickson y acurrucándose en su regazo.
Pero su rescate apenas comenzaba. Consciente de que los cachorros probablemente perecerían si se les dejaba en ese lugar, Brickson decidió salvarlos. Los cargó en su bolsa de bicicleta y pedaleó hasta un lugar seguro.
Con la ayuda de un amable vecino, Brickson organizó el traslado de los cachorros, confirmados como Rottweilers, a un refugio de animales local. “Pensé mucho antes de adoptarlos,” escribió Brickson. “Eran tan dulces y cariñosos, pero desafortunadamente, no tengo los medios para darles un buen hogar en este momento.”
El refugio los nombró Tito y Willy. Afortunadamente para Tito y Willy, su estancia en el refugio no duró mucho. El mes pasado, se anunció que los cachorros, “llenos de amor para dar”, habían sido adoptados por un hogar amoroso.
Quién abandonó a Tito y Willy en esa carretera remota quizás nunca se sepa. Pero una cosa es cierta: si Brickson no se hubiera detenido ese día, su historia podría haber terminado de manera muy diferente. Y aunque su tiempo con ellos fue breve, permanecen en su corazón. “Los atesoraré por siempre,” escribió.
