La construcción de robots microscópicos y programables representa un desafío considerable. Cuando los robots alcanzan dimensiones inferiores a un milímetro, las leyes de la física cambian significativamente.
En estas escalas, la gravedad tiene un impacto mínimo, mientras que la resistencia del entorno circundante se vuelve enorme. Para un robot del tamaño de una célula, el agua se siente como un jarabe espeso y las pequeñas extremidades son propensas a romperse, siendo su fabricación casi imposible. Por estas razones, el desarrollo en este campo ha permanecido relativamente estancado durante décadas.
Sin embargo, investigadores han superado importantes obstáculos y han logrado crear el robot programable más pequeño del mundo.
