Rusia ha intensificado su ofensiva en Ucrania al atacar el oeste del país, a tan solo 70 kilómetros de la frontera polaca, durante la noche del jueves 8 al viernes 9 de enero, utilizando un misil hipersónico de alcance intermedio. Esta acción representa una escalada en la confrontación con Occidente.
Moscú recurrió a este armamento, denominado “Orechnik” (“avellano” en ruso), para expresar su rechazo al acuerdo alcanzado el 6 de enero entre europeos y estadounidenses, por el cual Washington se comprometió a proporcionar una “participación” militar en caso de despliegue de tropas en Ucrania para garantizar un alto el fuego. Anteriormente, a finales de 2024, se había registrado un primer lanzamiento de este misil balístico contra un complejo industrial en Dnipro, cerca del frente, lo que ya había generado preocupación.
Según las autoridades ucranianas, el misil Orechnik, que formó parte de una salva más amplia de drones y misiles sobre Ucrania, impactó en las afueras de Lviv. Kiev informó que una infraestructura “crucial”, sin especificar, resultó dañada, aunque no se registraron víctimas mortales. Las cuatro muertes contabilizadas durante la noche ocurrieron en la capital ucraniana. Los expertos consideran que este ataque constituye principalmente una demostración del poder de presión estratégica de Rusia. Lviv, desde el inicio de la guerra, ha sido la principal base avanzada de los europeos en territorio ucraniano, tanto para el entrenamiento militar como para el tránsito de armas.
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