Con más de 213 mil millones de dólares y 350 acuerdos firmados, el proyecto chino de las “Nuevas Rutas de la Seda” registró un volumen récord de inversiones y préstamos en 2025, según un estudio de la Universidad Griffith de Brisbane, Australia, en colaboración con el Centro de Financiación y Desarrollo Verde de Shanghái.
El programa chino consiste en que Pekín construya infraestructuras (carreteras, puertos, ferrocarriles…) en todo el mundo, especialmente en países en desarrollo, para conectar Asia con los diferentes continentes. No obstante, las inversiones abarcan ahora ámbitos más amplios como la energía y las nuevas tecnologías.
En 2025, más de 128 mil millones de dólares corresponden a contratos de construcción, generalmente financiados por préstamos de instituciones financieras chinas o de empresas constructoras, mientras que más de 85 mil millones de dólares se destinaron a inversiones distintas a la construcción. En total, desde 2013, China ha comprometido 1,399 billones de dólares, según el informe, ya sea a través de Pekín o de empresas privadas chinas.
África, el principal receptor de inversiones
África fue el destino principal de la inversión china en 2025, con un aumento cuádruple (61 mil millones de dólares) en comparación con 2024, especialmente en Nigeria y la República del Congo. Le siguen el Sudeste Asiático (12,7 mil millones de dólares) y América Latina (2,1 mil millones de dólares).
“Parte del compromiso chino en África puede explicarse por los menores aranceles estadounidenses en África que en Asia”, señala el informe. La ofensiva comercial estadounidense lanzada por Donald Trump desde su regreso a la Casa Blanca ha modificado las dinámicas del comercio internacional. China ha reorientado sus exportaciones, especialmente hacia Asia y Europa, y también ha adaptado su cadena de suministro.
Pekín continúa expandiendo su influencia a nivel internacional, incluso en América Latina, donde Estados Unidos tiene aliados históricos. Una de las ventajas de China es su principio declarado de “no injerencia” cuando invierte en el extranjero, mientras que la administración estadounidense opta por un enfoque cada vez más intervencionista.
La inestabilidad provocada por Donald Trump y las tensiones comerciales también tienden a impulsar a los países en desarrollo a acercarse más a China que a Estados Unidos. En general, los recortes estadounidenses en la ayuda internacional, o las numerosas críticas del presidente estadounidense a las instituciones internacionales como la ONU, tienden a debilitar el poder de influencia del país en beneficio de Pekín.
Los estadounidenses, por su parte, ven con recelo el proyecto chino de las “Nuevas Rutas de la Seda”. En particular, advierten a los países en desarrollo sobre el riesgo de la trampa de la deuda. Según ellos, China presta dinero fácilmente para financiar proyectos de infraestructura como puertos o aeropuertos con el fin de extender su influencia y obtener concesiones cuando los préstamos no se reembolsan.
Menos infraestructura de transporte, más energía
Las inversiones chinas alcanzaron su punto máximo el año pasado en el sector de la energía. Incluso llegaron a un récord de 18,3 mil millones de dólares para la energía verde y se triplicaron en comparación con 2024 para el petróleo y el gas (71,5 mil millones de dólares).
Pekín también apuesta por los metales y el sector minero, con un récord de 32,6 mil millones de dólares comprometidos en 2025. La inversión más importante se realizó en Kazajistán en aluminio y cobre. China se centró, especialmente en el segundo semestre, en el cobre: “Una explicación puede ser la relación entre el cobre y los centros de datos para la IA con el fin de apoyar las redes eléctricas, las placas de circuitos impresos o los sistemas de refrigeración”, precisa el informe. En el sector de la tecnología, los chinos aumentaron globalmente su inversión en un 27% en comparación con el año anterior, especialmente en semiconductores.
En cuanto a los proyectos de transporte, el núcleo del proyecto de las “Nuevas Rutas de la Seda”, las inversiones alcanzaron su nivel más bajo en 13,3 mil millones de dólares el año pasado. En aviación, solo se anunció un proyecto, el aeropuerto de Punta Huete en Nicaragua. En cuanto al ferrocarril, se gastaron 9,8 mil millones de dólares en un proyecto en Tanzania y otro en México. Pekín continuó invirtiendo en carreteras por un importe de 1,7 mil millones de dólares. Y en cuanto a los puertos, no se firmó ningún proyecto en 2025, según el informe.
El autor del estudio, Christoph Nedopil, profesor de la Universidad Griffith, espera que en 2026 haya una posible “nueva expansión de las inversiones y los contratos de construcción en el marco de la BRI (Belt and Road Initiative, ndlr)”. A pesar del contexto internacional y la ofensiva arancelaria liderada por el presidente estadounidense, las empresas chinas podrían invertir en “la resiliencia de la cadena de suministro” y “explorar nuevos mercados”, indica. Sin embargo, se espera que las inversiones chinas alcancen “niveles más bajos en 2026, con menos mega contratos”, concluye.
