Un estilo de vida saludable para el corazón mejora la supervivencia tras un diagnóstico de cáncer, según un nuevo estudio. La investigación, basada en datos de uno de los estudios poblacionales más amplios del mundo, revela que adoptar hábitos cardiosaludables reduce el riesgo de fallecimiento después de recibir un diagnóstico de cáncer, asociando un estilo de vida saludable con una mejor supervivencia en pacientes oncológicos.
La adopción de un estilo de vida saludable, conocido por su papel en la prevención de enfermedades cardiovasculares, también se vincula con una mejor supervivencia en personas diagnosticadas con cáncer. La actividad física regular, una alimentación equilibrada, evitar el tabaquismo y controlar el peso y la presión arterial parecen desempeñar un papel importante, incluso después de la aparición de la enfermedad.
Estas conclusiones provienen de un estudio realizado en el marco del Proyecto UMBERTO, llevado a cabo por la Plataforma Común de Fondazione Umberto Veronesi ETS y la Unidad de Epidemiología y Prevención del I.R.C.C.S. Neuromed, en Pozzilli, en colaboración con la Universidad LUM “Giuseppe Degennaro” de Casamassima.
La investigación fue publicada el martes en la revista European Heart Journal y se basa en los datos del Estudio Moli-sani, uno de los estudios poblacionales más amplios del mundo, coordinado por Neuromed.
Los investigadores realizaron un seguimiento durante 15 años a un grupo de 779 adultos italianos, hombres y mujeres, que ya habían recibido un diagnóstico de cáncer al ser incluidos en el Estudio Moli-sani. Su estado de salud se evaluó utilizando el puntaje Life’s Simple 7 (LS7), una herramienta desarrollada por la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association – AHA), que evalúa siete factores clásicos relacionados con el estilo de vida y el riesgo cardiovascular: tabaquismo, actividad física, alimentación, peso corporal, presión arterial, colesterol y glucemia.
Con base en este puntaje, los investigadores analizaron el grado de cumplimiento de comportamientos saludables y su relación con el riesgo de mortalidad.
Los resultados mostraron que los participantes con hábitos de vida más saludables tuvieron un riesgo de fallecimiento un 38% menor en comparación con aquellos con un estilo de vida poco saludable.
Además, cada aumento de un punto en el puntaje LS7 se asoció con una reducción del 10% en la mortalidad por cáncer.
“Nuestro estudio demuestra que un puntaje basado en factores tradicionales de riesgo cardiovascular, ya validado en la población general, puede estimar una mejor supervivencia incluso en personas con antecedentes de cáncer”, declaró Marialaura Bonaccio, primera autora del estudio e investigadora principal de la Plataforma Fondazione Umberto Veronesi ETS – I.R.C.C.S. Neuromed.
Según Bonaccio, adoptar hábitos como una alimentación saludable, actividad física regular y mantener un peso adecuado representa un apoyo concreto para las personas que han pasado o están pasando por una enfermedad oncológica.
El análisis reveló que la relación entre un estilo de vida saludable y la supervivencia se fortaleció aún más cuando el componente “régimen alimentario” del puntaje LS7, basado inicialmente en criterios generales de alimentación saludable, se reemplazó por la adherencia a la dieta mediterránea.
La asociación favorable se mantuvo incluso para la mortalidad de causa cardiovascular.
El patrón de alimentación mediterránea, característico del sur de Europa y rico en frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, pescado y aceite de oliva virgen extra, demostró ser beneficioso no solo para la salud del corazón, sino también para las personas que viven con cáncer.
Según los autores, gran parte de la relación entre un estilo de vida saludable y la reducción de la mortalidad puede explicarse por factores biológicos comunes a las enfermedades cardiovasculares y al cáncer: la inflamación crónica de baja intensidad, la frecuencia cardíaca y los niveles sanguíneos de vitamina D. Estos resultados respaldan la existencia de un terreno biológico común que vincula a ambos tipos de afecciones.
“El estudio confirma una hipótesis científica de gran interés, a saber, que enfermedades crónicas aparentemente diferentes, como el cáncer y las afecciones cardiovasculares, pueden tener bases biológicas comunes y mecanismos similares de desarrollo y progresión”, explicó Maria Benedetta Donati, investigadora principal del estudio.
Los especialistas subrayan que los resultados refuerzan el papel del estilo de vida saludable y la prevención primaria no solo en la reducción del riesgo de enfermedades crónicas, sino también en la mejora del pronóstico y la calidad de vida de las personas que han tenido cáncer.
Los autores consideran que el estudio subraya la importancia de un enfoque integrado de la salud, en el que la alimentación, la actividad física y el resto de los hábitos de vida saludables se apoyan mutuamente y pueden tener un impacto en los mecanismos comunes asociados a las enfermedades cardiovasculares y al cáncer.
