Satélites megaconstelaciones: Amenaza para telescopios espaciales

by Editor de Tecnologia

Hace poco más de cinco años, el debate sobre el impacto de las megaconstelaciones de satélites en la observación astronómica se intensificó. La respuesta inicial de muchos, incluyendo a Elon Musk, fue sugerir trasladar los telescopios al espacio. Sin embargo, considerando que un telescopio espacial es significativamente más costoso que uno terrestre, ¿estamos seguros de que los telescopios en órbita terrestre estarán a salvo? Un reciente artículo publicado en Nature, firmado por Alejandro Borlaff, Pamela Marcum y Steve Howell, confirma que mover los telescopios a la órbita baja (LEO) no es una solución suficiente.

Recreación de las trazas medias que tendría una imagen tomada por los telescopios espaciales Hubble, SPHEREx, Xuntian y ARRAKIHS con medio millón de satélites en órbita (Borlaff et al.).

Si bien el problema no es inminente, es crucial recordar que Starlink no es la única megaconstelación en desarrollo. Amazon Leo (anteriormente Kuiper), así como las chinas SatNet y SpaceSail, están siendo desplegadas actualmente, y se espera que muchas más sigan en la próxima década. Se estima que el número actual de satélites –casi 9400 Starlink en órbita– representa solo el 3% de los que existirán en diez años. De hecho, para 2040, podríamos tener cerca de medio millón de satélites en LEO. Con una densidad tan alta de objetos en el espacio, hasta un tercio de las imágenes capturadas por el telescopio Hubble podrían verse afectadas por trazas de satélites, incluso si el Hubble dejara de estar operativo. Esta conclusión se extiende a cualquier telescopio espacial con un campo de visión y una órbita similares. De hecho, entre 2018 y 2021, cuando la cantidad de satélites era aún baja, el 4,3% de las imágenes del Hubble ya presentaban contaminación.

Número y altitud de megaconstelaciones previstas (Borlaff et al.).

El Hubble tiene un campo de visión relativamente pequeño en comparación con la nueva generación de telescopios, que cuentan con sensores más grandes y están diseñados para estudios de todo el cielo. Como resultado, misiones dedicadas a la exploración completa de la bóveda celeste, como el observatorio infrarrojo SPHEREx de la NASA, el telescopio espacial chino Xuntian o el satélite europeo ARRAKIHS –con una importante participación española– para el estudio de la materia oscura, sufrirán una contaminación significativa por las trazas de los satélites: hasta el 96% de sus observaciones podrían verse afectadas por la luz de los satélites. El artículo señala que los nuevos Starlink v2 Mini son más grandes –con una superficie de 126 metros cuadrados frente a los 26 metros cuadrados de los v1.5 y v1.0– y, en particular, los de la serie DTC (Direct to Cell) son más brillantes, con una magnitud visual de 0 a 1, en comparación con la magnitud de 4 a 6 de los modelos anteriores. Recordemos que los objetos con una magnitud superior a 6 son invisibles a simple vista, pero se recomienda que los satélites no tengan magnitudes inferiores a 7 para evitar la saturación de los píxeles del sensor.

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Número medio de trazas de satélites por imagen en función del número de satélites en LEO (Borlaff et al.).

Los autores del estudio calculan que con 560.000 satélites en órbita baja, las imágenes del Hubble tendrán de media 2,14 trazas de satélites, mientras que SPHEREx tendrá 5,64, ARRAKIHS unas 69 y Xuntian, 92. ¿Cuál es la solución? Claramente, como hemos reclamado en este blog desde hace más de cinco años, se necesita un marco regulatorio internacional que, por el momento, no existe ni parece estar en el horizonte. Reducir la altitud orbital de los satélites podría ayudar, aunque algunos operadores, como Starlink, eligen esta opción no por preocupación astronómica (o no exclusivamente), sino para reducir la latencia en las comunicaciones. Sin embargo, esta reducción genera problemas como la contaminación de la atmósfera superior por óxidos metálicos –que pueden dañar la capa de ozono– o el posible impacto, literal, de restos en aeronaves y zonas habitadas.

Brillo superficial de las trazas en función de la longitud de onda para cada observatorio (Borlaff et al.).

La mejor solución, sin duda, es trasladar los telescopios astronómicos más allá de LEO, a un punto de Lagrange como el ESML2, donde ya se encuentran observatorios como el JWST o Euclid. Sin embargo, enviar un satélite a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra presenta desafíos en términos de comunicaciones y el costo de la misión, que requiere un cohete más potente. ¿Las megaconstelaciones acabarán con los observatorios en órbita baja? Esa parece ser la tendencia.

La misión española ARRAKIHS será de las más afectadas (ESA/OHB).
El futuro telescopio espacial Xuntian (CNSA).

Por supuesto, la nueva generación de telescopios terrestres también se ve afectada por las megaconstelaciones, especialmente el observatorio Vera C. Rubin debido a sus imágenes de amplio campo. Sin embargo, es importante recordar los artículos y comunicados de prensa del propio observatorio, en los que afirman que no tienen ningún problema con Starlink. A lo que cabría responder que, si en el futuro llegaran a tenerlos, ya sea con Starlink o con otras megaconstelaciones, sería mejor que se mantuvieran en silencio y no se quejasen, ya que para entonces será demasiado tarde y habrán perdido la oportunidad de expresar sus preocupaciones.

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Referencias:

  • https://www.nature.com/articles/s41586-025-09759-5

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