La evidencia disponible sugiere que pasar largas horas sentado aumenta el riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, la osteoporosis y ciertos tipos de cáncer. Aunque la comparación con el tabaquismo ha ganado popularidad en los medios, los expertos advierten que el respaldo científico aún no alcanza el nivel de evidencia establecido para el tabaco. Sin embargo, coinciden en que la inactividad prolongada, incluso entre quienes hacen ejercicio regularmente, representa un riesgo significativo para la salud metabólica y cardiovascular.
Estudios indican que la actividad física regular no compensa por completo los efectos negativos del sedentarismo. Por ello, se recomienda interrumpir los periodos prolongados de sentado con movimientos frecuentes, como levantarse, estirarse o caminar brevemente cada hora. Estas pequeñas acciones pueden ayudar a mejorar la circulación, reducir la presión arterial y mitigar los riesgos asociados al estilo de vida sedentario.
Los especialistas enfatizan que no se trata de eliminar el sentarse, sino de evitar la permanencia estática durante horas. Incorporar hábitos como reuniones de pie, escritorios ajustables o recordatorios para moverse puede contribuir a un mejor estado de salud general sin requerir cambios drásticos en la rutina diaria.
