El ejercicio durante el tratamiento oncológico puede ayudar a reducir los efectos secundarios y mejorar el estado de ánimo, según explicó el profesor Kim Han-sang del Hospital Oncológico de Yonsei. Mantener una vida activa después del diagnóstico es importante para evitar el aislamiento y favorecer la recuperación.
Se recomienda combinar ejercicio aeróbico con trabajo de fuerza muscular, ya que los estudios muestran mejores resultados en quienes mantienen su masa muscular. Para quienes tienen molestias en hombros o rodillas, caminar en agua es una alternativa adecuada al senderismo. Si el problema está en la espalda o los hombros, se sugiere acompañar el ejercicio con rehabilitación.
Entre las actividades de intensidad moderada se encuentran caminar rápido, practicar tai chi, usar bicicleta estática o caminar en piscina. De alta intensidad: correr, bailes aeróbicos, saltar la cuerda o nadar. En deportes, golf, tenis de mesa y bádminton son opciones moderadas, mientras fútbol, baloncesto y tenis son de alta intensidad. En la vida diaria, subir escaleras o cuidar un huerto son ejercicios moderados; levantar objetos pesados o usar un martillo se consideran de alta intensidad.
Además, un estudio mencionado en fuentes externas indica que el ejercicio regular puede reducir hasta en un 20% el riesgo de enfermedad cardíaca en pacientes oncológicos, un beneficio relevante dado que algunos tratamientos pueden afectar el corazón.
