Una combinación de entretenimiento y valor añadido siempre atrae la atención. Los vídeos cortos (Reels) y las fotografías pueden alternarse, permitiendo incluso la inclusión de consejos para la búsqueda de empleo o información sobre desarrollo profesional. La música, el texto y/o efectos como filtros de voz captan la atención del público. Los memes, imágenes o vídeos con contenido humorístico, tienen una rápida viralización.
En TikTok, las tendencias y la música son aún más importantes que en Instagram. En esta plataforma, las interacciones –comentarios, “me gusta”, compartidos– tienen un peso mayor, mientras que el número de seguidores no es el factor más relevante. TikTok permite que un único vídeo se haga viral, mientras que en Instagram es más importante la publicación regular de contenido. En TikTok, el tiempo de visualización –cuánto tiempo se ve un Reel– es el factor determinante.
La idea de “aquí tienes un smartphone, ahora haz social media” es simplista. Es fundamental tener en cuenta los derechos de autor de las imágenes y la música, así como el aviso legal y la protección de datos. Además, se necesita una estrategia clara: internamente, ¿quién puede publicar qué y cómo? ¿Quién revisa el contenido? Externamente, ¿a quién queremos llegar y dónde? ¿Qué objetivos perseguimos?
Mantener el control con un plan de contenidos
Lo ideal es que un equipo editorial de tres a cinco personas se reúna de forma regular. Un plan de contenidos y un calendario editorial deben definir: ¿qué publicamos? ¿cuándo publicamos? ¿quién hace qué? ¿qué recursos necesitamos? Esto ayuda a generar ideas y a mantener la constancia: dos publicaciones por semana son un buen objetivo. Herramientas como Scompler facilitan la planificación y son menos complejas que Excel.
Una vez establecido esto, se puede comenzar. Un smartphone moderno es imprescindible; un trípode, un micrófono externo, una buena iluminación y una aplicación de edición mejorarán la calidad del canal.
