La soledad y el peso del pasado son los ejes centrales de “Sorry, Baby”, el debut cinematográfico de Eva Victor. La película nos presenta a Agnes (interpretada por la propia Victor), una joven profesora de literatura que vive aislada en una pequeña ciudad universitaria de Massachusetts. Su rutina se ve interrumpida por la visita de Lydie (Naomie Ackie), una amiga cercana que ahora reside en Nueva York con su pareja, Fran, y que se encuentra embarazada gracias a una donación de esperma.
La llegada de Lydie desata una serie de conversaciones íntimas y llenas de ironía sobre la maternidad, las relaciones y las expectativas sociales. Sin embargo, bajo la superficie de la camaradería, se esconde un trauma profundo que atormenta a Agnes. A través de flashbacks, la película revela que la joven profesora fue víctima de una agresión sexual por parte de su antiguo tutor, Preston Decker (Louis Cancelmi), un evento que la ha sumido en la depresión y las crisis de pánico.
Victor aborda este tema delicado con una sensibilidad particular, evitando el sensacionalismo y el melodrama. En lugar de construir una narrativa de venganza o victimización, la directora opta por un estilo narrativo fragmentado y naturalista que se centra en el proceso interno de Agnes y su lucha por la sanación. La película se apoya en el humor inteligente y mordaz de la protagonista, que utiliza la ironía como mecanismo de defensa y como herramienta para cuestionar las normas sociales.
En este camino hacia la recuperación, Agnes encuentra apoyo en la amistad incondicional de Lydie, en la compañía inesperada de un gato callejero llamado Olga y en la amabilidad de un desconocido (John Caroll Lynch). Finalmente, es la promesa de proteger y escuchar a la recién nacida Jane lo que le brinda a Agnes un nuevo sentido de propósito y esperanza: “Te escucharé, sin preocuparme”.
