Se han reportado avances en la investigación sobre la clasificación clínica del síndrome de apnea obstructiva del sueño y la hipopnea, así como el desarrollo de un nuevo algoritmo diseñado para permitir un subtipo preciso de la enfermedad hepática metabólica.
Mortality
La Alianza conmemora la Semana de Concienciación sobre el Cáncer en Adolescentes y Adultos Jóvenes
Cada año, aproximadamente 85,000 adolescentes y adultos jóvenes (AYA, por sus siglas en inglés), con edades comprendidas entre los 15 y 39 años, son diagnosticados con cáncer en los Estados Unidos. Según datos del Instituto Nacional del Cáncer, esta cifra representa cerca del 4% de todos los nuevos diagnósticos de cáncer.

Esta población enfrenta desafíos particulares en su proceso de atención. Dependiendo de la edad y el diagnóstico específico, muchos pacientes AYA son tratados en centros oncológicos pediátricos o en centros para adultos. No obstante, es común que no se sientan cómodos en ninguno de los dos entornos, al percibirse demasiado mayores para los espacios orientados a niños pequeños, pero demasiado jóvenes para centros donde la mayoría de los pacientes son personas mayores.
Además de las dificultades en el entorno médico, estas personas deben gestionar hitos vitales propios de su edad, como la educación, el establecimiento de una carrera profesional o la creación de una familia. A esto se suma que la inestabilidad financiera y la falta de cobertura de seguro médico a menudo impiden que los jóvenes busquen atención médica oportuna, lo que complica su pronóstico.
Ante esta situación, la Alianza para Ensayos Clínicos en Oncología (Alliance for Clinical Trials in Oncology) y la Alliance Foundation Trials (AFT) disponen de varios ensayos activos diseñados específicamente para ayudar a la población AYA, además de otros estudios abiertos a personas dentro de este rango demográfico.
En el ámbito de la investigación, también se analiza por qué están aumentando los cánceres de aparición temprana y cómo planean detenerlos los investigadores.
Investigadores en Estados Unidos han desarrollado una herramienta basada en inteligencia artificial (IA) capaz de predecir la recurrencia del esófago de Barrett (EB) tras el tratamiento, marcando un avance significativo en la vigilancia de esta condición.
El esófago de Barrett es una afección que precede al desarrollo del adenocarcinoma esofágico, un tipo de cáncer caracterizado por su naturaleza agresiva y una alta tasa de mortalidad. Debido a esto, la detección e intervención tempranas son fundamentales para mejorar el pronóstico de los pacientes.
El modelo predictivo de IA se ha diseñado para pacientes que han sido sometidos a la terapia de erradicación endoscópica (EET), un procedimiento mínimamente invasivo cuyo objetivo es eliminar el tejido displásico del esófago de Barrett para reducir el riesgo de que progrese hacia un cáncer invasivo.
Uno de los mayores desafíos de la EET es el riesgo de recurrencia, la cual puede ser insidiosa y variar considerablemente entre los pacientes. La nueva herramienta de IA aborda este problema logrando una precisión superior al 90% al pronosticar qué pacientes presentarán una recurrencia del EB y, además, puede estimar el momento en que ocurrirá dicho evento.
Actualmente, la vigilancia de estos pacientes suele seguir un calendario de seguimiento uniforme, independientemente del perfil de riesgo individual. Esta innovación permite a los médicos contar con una evaluación de riesgo personalizada, lo que facilita la adaptación de las estrategias de vigilancia y optimiza tanto la atención al paciente como la asignación de recursos médicos.
Investigadores analizan la evolución de las muertes por consumo de alcohol en jóvenes a nivel mundial
Un estudio reciente ha rastreado cómo han cambiado las muertes relacionadas con el consumo de alcohol en jóvenes en todo el mundo durante un periodo de 31 años, según reporta News-Medical.
El consumo de alcohol en menores es considerado un problema grave de salud pública. En los Estados Unidos, el alcohol es la sustancia de abuso más utilizada entre la juventud, lo que representa riesgos enormes para la salud y la seguridad de los jóvenes.
De acuerdo con datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), aproximadamente 4,000 jóvenes menores de 21 años mueren cada año debido al uso excesivo de alcohol, muertes que podrían haberse evitado.
Impactos en la salud y el desarrollo
El consumo prematuro de alcohol puede afectar el desarrollo cerebral, lo que puede ocasionar problemas de memoria, y puede impedir que el crecimiento físico se desarrolle según lo esperado. Además, las personas que comienzan a beber a una edad temprana tienen un mayor riesgo de desarrollar un trastorno por consumo de alcohol o de utilizar la sustancia de manera excesiva más adelante en la vida.
Riesgos sociales, académicos y físicos
Los jóvenes que consumen alcohol son más propensos a involucrarse en conductas de riesgo que pueden derivar en diversas complicaciones:
- Problemas sociales y académicos: Aumento de las ausencias escolares, disminución de las calificaciones y conducción bajo los efectos del alcohol, poniendo en riesgo su seguridad y la de los demás.
- Salud física y mental: Mayor incidencia de violencia (incluyendo suicidio, homicidio y violencia sexual) y lesiones graves como caídas, quemaduras, ahogamientos o accidentes automovilísticos.
- Salud sexual: Riesgo de embarazos no planificados e infecciones de transmisión sexual (ITS), incluido el VIH, debido a la falta de protección.
- Uso de otras sustancias: Mayor probabilidad de utilizar drogas ilícitas o hacer un mal uso de medicamentos recetados, lo que puede generar efectos graves al combinarse con el alcohol.
Finalmente, la evidencia indica que el consumo de alcohol por parte de los adultos puede incrementar el consumo de alcohol en los adolescentes, especialmente si los adultos en su entorno practican el consumo excesivo (binge drinking).
Un estudio reciente revela tendencias duales en la carga mundial del cáncer de vesícula biliar. La investigación indica patrones contrastantes en la incidencia de esta enfermedad a nivel global.
Si bien en muchas regiones se observa una disminución en las tasas de cáncer de vesícula biliar, en otras se está produciendo un aumento. Los investigadores señalan que estos cambios podrían estar relacionados con factores como las diferencias en el acceso a la atención médica, los estilos de vida y la prevalencia de factores de riesgo específicos.
El estudio subraya la importancia de comprender estas tendencias para desarrollar estrategias de prevención y tratamiento más eficaces a nivel mundial.
Las personas con un timo sano viven más tiempo y tienen menos probabilidades de enfermar. Además, las inmunoterapias suelen tener más éxito en pacientes con un timo saludable. Esto lo demuestran dos estudios internacionales en los que participó Universitätsmedizin Frankfurt. Los resultados, publicados ahora en la revista Nature, abren nuevas vías para mantener la salud durante el proceso de envejecimiento.
El timo es un pequeño órgano ubicado en la parte superior del pecho que desempeña un papel central en el sistema inmunitario: produce células T, células inmunitarias especializadas que reconocen y combaten los patógenos. Durante mucho tiempo, se consideró al timo un órgano «infantil» con poca relevancia en la edad adulta, ya que se reduce y se vuelve graso a lo largo de la vida. Los nuevos estudios desafían fundamentalmente esta suposición.
Las publicaciones en Nature subrayan la extraordinaria relevancia científica y clínica de este trabajo. Demuestran de manera impresionante la contribución que la imagenología moderna puede hacer para revelar conexiones biológicas previamente subestimadas. Si es posible analizar la salud del timo de forma temprana y fiable, los riesgos individuales de enfermedad pueden identificarse mucho antes y contrarrestarse de forma específica, mucho antes de que aparezcan los síntomas clínicos.
Profesor Thomas Vogl, Director de la Clínica de Radiología y Medicina Nuclear de Universitätsmedizin Frankfurt
Por lo tanto, la salud del timo, determinada mediante datos de tomografía computarizada (TC) recopilados de forma rutinaria, podría ofrecer un nuevo enfoque para identificar los riesgos de enfermedad en una etapa temprana e iniciar medidas preventivas específicas. En la imagenología, la salud del timo se puede evaluar en función del grado de degeneración grasa. Niveles más bajos de infiltración de grasa generalmente indican una mejor función inmunitaria.
Descubrimientos innovadores de estudios a largo plazo
Dos estudios internacionales dirigidos por la Universidad de Harvard (Boston) y socios de investigación en Maastricht, Aarhus, Londres y Frankfurt respaldan esta hipótesis. El Dr. Simon Bernatz, primer autor de la publicación, médico e investigador asociado de la Clínica de Radiología y Medicina Nuclear de Universitätsmedizin Frankfurt, explica: «Nuestros análisis muestran por primera vez que la salud del timo parece ser un predictor independiente de la supervivencia y los riesgos de enfermedad. Es importante destacar que pudimos obtener esta información de tomografías computarizadas (TC) de rutina».
Los investigadores desarrollaron un marco de aprendizaje profundo, un sistema de inteligencia artificial, para cuantificar las imágenes de TC. Analizaron más de 27.000 tomografías computarizadas recopiladas como parte de dos grandes estudios a largo plazo en EE. UU.: el National Lung Screening Trial (NLST), que examinó la salud pulmonar de fumadores actuales y exfumadores durante doce años, y el Framingham Heart Study (FHS), uno de los estudios más conocidos y duraderos sobre la salud cardiovascular.
En ambas cohortes independientes, una buena salud del timo estaba estrechamente relacionada con mejores resultados de salud. En el estudio NLST, se asoció con una menor mortalidad general (50 por ciento), una reducción de la incidencia de cáncer de pulmón (36 por ciento) y una disminución de la mortalidad cardiovascular (63 a 92 por ciento). La cohorte FHS confirmó la asociación con una menor mortalidad por enfermedad cardiovascular, independientemente de la edad, el sexo y el estado de fumador.
Nuevas perspectivas en la medicina oncológica: el timo como biomarcador
Un segundo estudio reciente de los mismos autores amplía significativamente estos hallazgos y sugiere que la salud del timo también puede predecir el éxito de las inmunoterapias modernas contra el cáncer. El estudio analizó a más de 3.400 pacientes con cáncer tratados con inhibidores de puntos de control inmunitario. Descubrió que los pacientes con una buena salud del timo tenían resultados de tratamiento significativamente mejores. Esto fue particularmente cierto para el cáncer de pulmón y el melanoma, pero también para el cáncer de mama y el cáncer de riñón.
Curiosamente, esta asociación fue independiente de los biomarcadores tumorales establecidos, como PD-L1 o la carga mutacional tumoral (TMB). La salud del timo, por lo tanto, proporciona información adicional, ya que refleja no el tumor en sí, sino el rendimiento del sistema inmunitario. Al mismo tiempo, se demostró que una buena función del timo se asocia con una mayor diversidad de receptores de células T y una respuesta inmunitaria general más fuerte.
«Nuestros resultados sugieren que la salud del timo también es un factor decisivo y previamente subestimado en el éxito de las inmunoterapias. En el futuro, podría ayudar a seleccionar las terapias con mayor precisión y adaptarlas más individualmente a los pacientes», afirma el Dr. Simon Bernatz.
El timo como un órgano clave para un envejecimiento saludable
Los hallazgos proporcionan evidencia integral por primera vez de que el timo permanece activo y desempeña un papel crucial incluso en la edad adulta. Un timo sano parece ayudar a mantener la estabilidad inmunitaria a largo plazo, controlar mejor los procesos inflamatorios y proteger el cuerpo de manera más eficaz contra las enfermedades relacionadas con la edad. Esto sitúa al timo en el centro como un regulador clave del envejecimiento mediado por el sistema inmunitario y la susceptibilidad general a las enfermedades en la edad adulta.
Otro aspecto clave: la salud del timo está estrechamente relacionada con factores de estilo de vida modificables. Las influencias negativas pueden surgir particularmente del tabaquismo, la obesidad y la falta de actividad física, así como de los procesos inflamatorios crónicos promovidos por dietas poco saludables o estrés prolongado. Por el contrario, los hallazgos sugieren que un estilo de vida saludable puede influir positivamente en la función del timo y, por lo tanto, mejorar la salud general y, potencialmente, el éxito de los tratamientos médicos.
Implicaciones para la investigación y la terapia
Estos resultados cambian fundamentalmente la percepción del timo, de un órgano descuidado de la infancia a un regulador central del envejecimiento inmunitario y la susceptibilidad a las enfermedades en la edad adulta. Como biomarcador, podría mejorar en el futuro la detección temprana de pacientes en riesgo, guiar la selección de inmunoterapias apropiadas y optimizar el momento del tratamiento. Además, las estrategias dirigidas a fortalecer o regenerar el timo se están convirtiendo en un foco de investigación. La salud de este pequeño órgano puede tener un impacto decisivo en la calidad de vida, la esperanza de vida y el éxito del tratamiento.
Aunque en Japón la esperanza de vida tiende a ser alta, esto no necesariamente implica que su población sea más saludable que otras. Una nueva investigación del Karolinska Institutet y colaboradores revela que los adultos mayores japoneses y suecos tienen un número similar de años de vida saludable –definido como vivir en casa sin necesidad de atención geriátrica formal–. Sin embargo, la mortalidad entre las personas que reciben atención geriátrica es menor en Japón que en Suecia.
«Quizás la longevidad en Japón no se deba principalmente a que la población esté más sana. Nuestros hallazgos ofrecen una perspectiva más matizada y sugieren que las diferencias radican principalmente entre aquellos que requieren cuidados», afirma Karin Modig, profesora asociada del Instituto de Medicina Ambiental del Karolinska Institutet, quien lideró el estudio.
La investigación comparó la esperanza de vida restante a los 75 años para mujeres y hombres en Suecia y Japón, utilizando extensos datos de registros. Se incluyeron más de 850.000 individuos en Suecia y más de 330.000 de nueve municipios en Japón. Los participantes se clasificaron en tres grupos según si recibían atención domiciliaria, vivían en residencias geriátricas o no recibían atención formal.
Los resultados, publicados en BMC Medicine, muestran que los adultos mayores japoneses generalmente tienen una menor mortalidad que los suecos, pero esta diferencia se observa principalmente entre aquellos que reciben algún tipo de atención geriátrica. Una mujer japonesa de 75 años puede esperar, en promedio, 10.4 años de vida saludable (sin atención formal) y 5.1 años con atención geriátrica. Las cifras correspondientes para una mujer sueca fueron de 9.9 años sin atención y 3.8 años con atención.
«Esto significa que las mujeres japonesas pueden esperar pasar más años en atención geriátrica, pero necesitamos comprender qué impulsa estas diferencias. Es importante identificar qué aspectos de la atención geriátrica influyen en la longevidad, especialmente a medida que más personas viven hasta edades muy avanzadas», explica Shunsuke Murata, investigador del Karolinska Institutet en Suecia y la Universidad de Kobe en Japón.
Para los hombres, las diferencias fueron pequeñas, con un promedio de 9.8 años de vida saludable en Japón en comparación con 9.6 en Suecia, y 2.2 años con atención geriátrica en Japón en comparación con 2.1 años en Suecia.
Los investigadores señalan varias posibles explicaciones para las diferencias en la mortalidad entre quienes reciben atención. Estas incluyen diferencias en quién recibe atención geriátrica y cuándo, cómo se organizan los sistemas de atención, un tratamiento médico más extenso al final de la vida en Japón y una mayor dependencia de la atención familiar en el hogar.
«Estos son los primeros resultados de un proyecto colaborativo que examina la salud de los adultos mayores en Suecia y Japón. Ya hemos comenzado el próximo estudio, que comparará la salud en diferentes etapas de la atención», concluye Karin Modig.
El estudio es una colaboración entre el Karolinska Institutet y grupos de investigación de las universidades de Kyushu y Kobe en Japón. Fue financiado, entre otros, por la Sociedad Japonesa para la Promoción de la Ciencia, el Programa JST FOREST (JPMJFR205J), la Fundación Scandinavia-Japan Sasakawa y el Karolinska Institutet.
Vivir en barrios más densamente poblados podría proteger contra el accidente cerebrovascular, según un nuevo estudio de la Universidad de Michigan. Contrario a la creencia común que asocia la vida urbana con el estrés y la contaminación, la investigación sugiere que un entorno más desarrollado puede reducir el riesgo de sufrir un primer accidente cerebrovascular.
El estudio, que rastreó a más de 25,000 adultos en los Estados Unidos durante más de una década, encontró que los residentes en áreas con mayor desarrollo –caracterizadas por más edificios, aceras e infraestructura– tenían un riesgo un 2.5% menor de sufrir un accidente cerebrovascular en comparación con aquellos que vivían en áreas menos desarrolladas.
La investigación se basó en datos del estudio REGARDS (REasons for Geographic And Racial Differences in Stroke), que aborda las disparidades en salud en el llamado “cinturón del accidente cerebrovascular”, una región de 11 estados en el sureste de EE. UU. Donde la mortalidad por accidente cerebrovascular es desproporcionadamente alta entre los afroamericanos, explicó Cathy Antonakos, especialista de investigación principal en la Escuela de Kinesiología de la U-M y autora principal del estudio.
Investigaciones anteriores sobre el impacto del desarrollo vecinal en el riesgo de accidente cerebrovascular habían sido inconsistentes, posiblemente porque se basaban en etiquetas urbanas/rurales estáticas, señaló Antonakos.
Para abordar esto, Antonakos y sus colegas utilizaron datos satelitales para medir la intensidad del desarrollo a lo largo del tiempo en redes de carreteras de 8 kilómetros (5 millas) alrededor de más de 34,000 ubicaciones residenciales. Descubrieron que la relación entre un desarrollo de intensidad alta o media y un riesgo reducido de accidente cerebrovascular se mantuvo incluso después de considerar factores como la edad, la raza, el sexo y afecciones preexistentes como la diabetes y la presión arterial alta.
El siguiente paso en la investigación es identificar características ambientales específicas que son más comunes en áreas con mayor intensidad de desarrollo, indicó Antonakos.
«El desarrollo de alta intensidad generalmente incluye una mayor densidad de viviendas y más comercios», explicó. «Estas áreas son más propensas a tener usos de la tierra compactos con acceso a atención médica, tiendas de alimentos, transporte público e infraestructura para la actividad física, como aceras, carriles para bicicletas y parques».
El estudio no examinó estas características ambientales, pero sí identificó algunas aplicaciones prácticas. Antonakos señaló que el estudio sugiere a los médicos que los factores a nivel de vecindario pueden influir en el riesgo de un primer accidente cerebrovascular, además de los factores individuales. Para los planificadores urbanos, los hallazgos sugieren que mejorar los entornos con características que apoyen la salud cardiovascular y la actividad física puede ayudar a reducir el riesgo de sufrir un primer accidente cerebrovascular.
Entre los coautores del estudio se encuentran Ian-Marshall Lang, Stephanie Miller y Natalie Colabianch, de la Universidad de Michigan; Suzanne Judd, de la Universidad de Alabama en Birmingham; y Matthew Flaherty, del Centro de Salud Académico de la Universidad de Cincinnati.
La investigación fue apoyada por un acuerdo de cooperación U01 NS041588, cofinanciado por el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares, el Instituto Nacional de Envejecimiento, los Institutos Nacionales de la Salud y el Departamento de Salud y Servicios Humanos. Se proporcionó financiación adicional por parte de los NINDS y NIA de los NIH bajo los números de premio RF1NS127606 y R01NS127606, y por los NINDS de NIH bajo el número de premio R01NS092706. El contenido es de exclusiva responsabilidad de los autores y no necesariamente representa las opiniones oficiales de los NIH. Los representantes de los NINDS participaron en la revisión del manuscrito, pero no participaron directamente en la recopilación, gestión, análisis o interpretación de los datos. La investigación también contó con el apoyo de recursos computacionales y servicios proporcionados por Advanced Research Computing, una división de Information and Technology Services en la Universidad de Michigan.
Fuente:
Referencia del diario:
Antonakos, C. L., et al. (2026). Development intensity and incident stroke risk: a longitudinal study of the REGARDS cohort. Cities & Health. DOI: 10.1080/23748834.2025.2610065. https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/23748834.2025.2610065#abstract
Un importante estudio multicohorte ha revelado que varios metabolitos relacionados con la microbiota intestinal en la sangre están vinculados a la posterior aparición de enfermedad coronaria, lo que apunta a nuevos biomarcadores y posibles objetivos terapéuticos, aunque se subraya que la evidencia es observacional.
Estudio: Circulating gut microbial metabolites and risk of coronary heart disease: A prospective multi-stage metabolomics study. Crédito de la imagen: Explode / Shutterstock
En un estudio reciente publicado en la revista PLOS Medicine, investigadores identificaron metabolitos microbianos intestinales asociados con la aparición de enfermedad coronaria (CHD).
La CHD es la principal causa de mortalidad en todo el mundo y en los Estados Unidos. La investigación sobre la microbiota intestinal ha proporcionado información crucial sobre la etiología y la prevención de la CHD, con importantes implicaciones para el desarrollo terapéutico. La microbiota intestinal genera numerosos metabolitos, muchos de los cuales no son producidos por los humanos. Estos metabolitos microbianos entran en la circulación y ejercen efectos sistémicos sobre la salud y la enfermedad del huésped.
La mayor parte de la evidencia que vincula los metabolitos microbianos con enfermedades cardiovasculares (CVD) o CHD proviene de cohortes clínicas o estudios transversales, que son susceptibles a la confusión y la causalidad inversa. Además, la mayoría de los estudios han evaluado solo un número limitado de metabolitos microbianos. Por lo tanto, son necesarias investigaciones prospectivas exhaustivas con una validación rigurosa en diversas poblaciones.
Diseño y métodos del estudio multicohorte
En este estudio, los investigadores evaluaron los metabolitos microbianos intestinales asociados con la aparición de CHD en poblaciones asiáticas, negras y blancas. Se realizó un estudio metabolómico por etapas en cinco cohortes prospectivas: el Southern Community Cohort Study (SCCS), el Shanghai Women’s Health Study (SWHS), el Shanghai Men’s Health Study (SMHS), el Multi-Ethnic Study of Atherosclerosis (MESA) y el Atherosclerosis Risk in Communities (ARIC).
Los participantes fueron incluidos si no tenían antecedentes de CHD, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular, enfermedad renal en etapa terminal o cáncer al inicio del estudio, tenían muestras de plasma disponibles y no habían usado antibióticos o experimentado síntomas de resfriado o gripe en la semana anterior a la toma de muestras. Se identificaron y emparejaron pares de casos y controles, seleccionando 150 pares de cada sexo y raza para el descubrimiento.
Se realizó un perfilado metabolómico no dirigido para el descubrimiento en SCCS, SMHS y SWHS. Los metabolitos se identificaron utilizando bibliotecas de referencia y se vincularon al origen microbiano intestinal mediante el mapeo de bases de datos y las asociaciones con el uso de antibióticos. La validación in silico se realizó en MESA y ARIC.
Para la validación dirigida, un ensayo cuantitativo midió metabolitos seleccionados. Los modelos de regresión logística condicional estimaron las razones de probabilidad para la aparición de CHD. El modelo 1 ajustó por la edad, mientras que el modelo 2 ajustó además por factores socioeconómicos y de estilo de vida, incluido el índice de masa corporal (BMI).
Metabolitos microbianos clave asociados con la CHD
La edad media de los 896 casos y controles de CHD fue de 57 años. Los casos tenían un nivel socioeconómico más bajo, menor actividad física, un BMI más alto y una mayor prevalencia de factores de riesgo metabólicos que los controles.
Cuarenta y ocho de los 226 metabolitos se asociaron significativamente con la CHD en el modelo 1, con 43 que siguieron siendo significativos en el modelo 2. Los análisis de subgrupos identificaron asociaciones adicionales, lo que resultó en 73 metabolitos significativos en total.
Estos metabolitos abarcaron vías que involucran aminoácidos, carbohidratos, nucleótidos, xenobióticos, metabolismo energético, lípidos y vitaminas. De los 61 metabolitos disponibles para la validación in silico, 24 se confirmaron con efectos direccionales consistentes.
El ensayo dirigido cuantificó metabolitos clave, incluidos el 3-hidroxibutirato, la taurina, la trans-4-hidroxiprolina, el 4-hidroxifenilpiruvato, el 4-hidroxifenilacetato, el 1-metil-4-imidazolacetato, el imidazol propionato y el 3-hidroxi-2-etilpropionato.
En la etapa de validación, nueve metabolitos se asociaron significativamente con la CHD en modelos totalmente ajustados. Estos incluyeron el imidazol propionato, el 3-hidroxi-2-etilpropionato, el 4-hidroxifenilacetato, la trans-4-hidroxiprolina, el 3-hidroxibutirato, el óxido de trimetilamina, la fenilacetil-L-glutamina, el ácido 4-hidroxihípúrico y el indolpropionato.
Algunas asociaciones variaron entre los subgrupos, con efectos más fuertes observados en ciertas poblaciones. Sin embargo, la mayoría de las interacciones no fueron estadísticamente significativas después de la corrección para pruebas múltiples. Varias asociaciones se atenuaron después de ajustar por afecciones metabólicas, lo que sugiere una mediación parcial.
Implicaciones para la prevención y la investigación de la CHD
Este estudio identificó y validó nueve metabolitos derivados de la microbiota intestinal circulantes asociados con la aparición de CHD en diversas poblaciones. Estos hallazgos respaldan un papel del metabolismo microbiano en la etiología de la CHD y destacan posibles objetivos para futuros estudios mecanicistas y el desarrollo terapéutico.
Sin embargo, el diseño observacional no establece causalidad. Algunos metabolitos no se pudieron validar en todas las etapas debido a limitaciones del ensayo, y aún es posible una confusión residual. Las asociaciones más fuertes en el seguimiento temprano sugieren que la enfermedad preclínica puede haber influido en algunos hallazgos.
Un plan de ejercicios sencillo en casa ayudó a los pacientes a mantenerse activos durante la quimioterapia, reduciendo la fatiga mental y mostrando potencial para aliviar el “chemo brain” (niebla mental por quimioterapia), especialmente en aquellos que reciben ciclos de tratamiento más cortos.
Estudio: Effects of Exercise on Cognitive Impairment in Patients Receiving Chemotherapy: A Multicenter Phase III Randomized Controlled Trial. Crédito de la imagen: NDAB Creativity/Shutterstock.com
El deterioro cognitivo relacionado con el cáncer ocurre en hasta el 75% de los pacientes, a menudo con fatiga mental. Esto reduce significativamente la independencia y la calidad de vida. Un estudio publicado en el Journal of the National Comprehensive Cancer Network encontró que el programa de ejercicios EXCAP podría reducir la fatiga mental general y disminuir el deterioro cognitivo autoinformado, particularmente en pacientes que reciben quimioterapia cada dos semanas.
“Chemo brain” y fatiga
El deterioro cognitivo relacionado con el cáncer (DCRC) puede comenzar durante el tratamiento del cáncer o después de él, en cualquier momento durante los diez años siguientes. Las personas afectadas presentan síntomas como falta de atención y memoria verbal, función ejecutiva reducida y procesamiento mental más lento. La fatiga mental a menudo ocurre al mismo tiempo. Estos problemas dificultan las actividades de la vida diaria (AVD), como la administración de medicamentos, la gestión del dinero, las compras, los viajes, las tareas domésticas y la conducción.
La quimioterapia inhibe las respuestas fisiológicas antiinflamatorias, lo que permite que el estado proinflamatorio predomine. Esto puede alterar la función inmunológica normal, lo que lleva a inmunodeficiencia.
El ejercicio puede ayudar a regular las respuestas proinflamatorias que predominan en los pacientes en quimioterapia. Durante el ejercicio, inicialmente se liberan citocinas proinflamatorias como IFN-γ e IL-1β. Esto es seguido por la autorregulación a través de la liberación de moléculas de señalización antiinflamatorias, como IL-10.
El ejercicio también provoca la liberación de IL-6 de las células musculares esqueléticas. Aunque comúnmente se considera una potente señal química proinflamatoria, la IL-6 asociada al ejercicio actúa como una miocina, una molécula de señalización antiinflamatoria de las células musculares.
Trabajos anteriores de estos autores demostraron que la intervención EXCAP (Ejercicio para Pacientes con Cáncer) se asoció con una mayor inmunocompetencia. Los cambios bioquímicos observados con EXCAP sugieren que acompañan a un mejor equilibrio entre inflamación y antiinflamación. El estudio actual busca ampliar este trabajo a través de un ensayo clínico aleatorizado (ECA).
Plan de caminata y resistencia de seis semanas
Los investigadores llevaron a cabo un ECA multicéntrico a nivel nacional de fase III y examinaron la eficacia de una estrategia de ejercicio progresiva adaptada para su uso en el hogar en pacientes con DCRC y fatiga mental. También evaluaron las asociaciones entre el ejercicio, el DCRC y la inflamación en pacientes con cáncer en quimioterapia.
EXCAP es una intervención domiciliaria de seis semanas que incluye caminata y ejercicios con bandas de resistencia. Fue diseñado por el primer autor en colaboración con profesionales del ejercicio certificados del Centro Médico de la Universidad de Rochester. A cada participante se le presentó un plan de ejercicios individualizado por personal capacitado el primer día de quimioterapia.
El estudio incluyó a 687 pacientes aleatorizados para recibir EXCAP o atención habitual. Se evaluó su intensidad de ejercicio y adherencia a EXCAP, utilizando un diario de ejercicios diario, un podómetro y una escala de ejercicios de resistencia.
Los investigadores evaluaron el DCRC y la fatiga mental antes y después de la intervención. También se midieron y analizaron los niveles séricos de cinco citocinas pro y antiinflamatorias seleccionadas, el receptor de citocinas sTNFR1 y el patrón general de respuesta inflamatoria. Además, los participantes registraron sus pensamientos sobre el ejercicio y el estudio.
EXCAP mantiene la actividad por encima de los umbrales críticos de mortalidad
Las tasas de abandono fueron comparables en los grupos EXCAP y atención habitual. Los participantes de EXCAP mantuvieron un promedio de aproximadamente 4351 pasos (aproximadamente tres kilómetros) por día después de seis semanas. En contraste, el grupo de atención habitual redujo los pasos diarios en un 53% (más de un kilómetro y medio) con respecto al valor preintervención de 4076 pasos por día.
Comparando los dos grupos, el grupo EXCAP finalmente caminó casi 2000 pasos más cada día que el grupo de atención habitual, que tuvo un promedio de
También realizaron ejercicios con bandas de resistencia tres veces por semana durante unos 25 minutos por sesión a intensidad moderada. En el grupo de atención habitual, el ejercicio fue mínimo, con un máximo de tres sesiones durante el período de estudio de seis semanas.
Deterioro cognitivo y fatiga mental
En general, todos los participantes mostraron un deterioro cognitivo y un empeoramiento de la fatiga mental durante la quimioterapia. Sin embargo, en aquellos que recibían quimioterapia cada dos semanas, la gravedad fue significativamente menor en el grupo EXCAP que en el grupo de atención habitual. De manera similar, no se observó un aumento de la fatiga mental en el grupo EXCAP con quimioterapia cada dos semanas, a diferencia del grupo de atención habitual.
Estas diferencias fueron evidentes en las pruebas postintervención. En contraste, no se observaron diferencias significativas entre los grupos en pacientes que recibían cursos de quimioterapia más largos, y no se observó una mejora general significativa en las puntuaciones cognitivas totales en toda la población del estudio. Los autores especulan que esto puede deberse a que estos pacientes están más enfermos o tienen otras toxicidades por fármacos que causan resistencia a las diferencias mediadas por EXCAP.
Alternativamente, los pacientes podrían necesitar un ejercicio más intensivo o prolongado para que tenga un impacto en el DCRC, o tener predisposiciones genéticas que reduzcan las respuestas cardiometabólicas al ejercicio.
Inflamación, DCRC y ejercicio
Los investigadores encontraron que un mayor ejercicio se asoció con puntuaciones más altas en FACT-Cog, lo que indica una menor alteración cognitiva, y que un patrón inflamatorio más saludable también se asoció con una mejor función cognitiva, aunque estas relaciones fueron asociativas.
Casi todos los participantes de EXCAP dijeron que disfrutaron más del ejercicio después del estudio y recomendarían el programa a otros pacientes en quimioterapia para reducir el DCRC.
Fortalezas y limitaciones
Este estudio tiene varias limitaciones, incluida la ausencia de un placebo conductual y la falta de evaluaciones objetivas del deterioro cognitivo relacionado con el cáncer y la fatiga mental. La intervención de ejercicio también puede haberse restringido a un rango relativamente estrecho, mientras que la muestra, compuesta principalmente por mujeres blancas con cáncer de mama, limita la generalización de los hallazgos. Además, se necesita más investigación para identificar las firmas inflamatorias específicas que subyacen al DCRC y la fatiga mental.
El ejercicio en casa ofrece apoyo práctico durante la quimioterapia
Los programas de ejercicio individualizados podrían ayudar potencialmente a los pacientes en quimioterapia a mantener sus niveles de caminata y ejercicio con bandas de resistencia previos a la quimioterapia. Esto se asocia con una reducción de la fatiga mental y puede ayudar a disminuir el DCRC, particularmente en pacientes que reciben quimioterapia cada dos semanas. Además, ayudan a los pacientes a mantener su recuento diario de pasos por encima de los umbrales asociados previamente con una mayor mortalidad por todas las causas.
Esto confirma la capacidad del ejercicio para ayudar a mitigar el DCRC en ciertas condiciones de tratamiento, como lo informaron anteriormente estos autores, y agrega la observación de que también ayuda a prevenir el empeoramiento de la fatiga mental durante la quimioterapia. Es importante destacar que la intervención fue implementada por personal de oncología comunitario que fue capacitado para administrar EXCAP y hacer un seguimiento de la adherencia.
