El ejército tailandés ha lanzado ataques aéreos en la frontera con Camboya tras la muerte de un soldado, presuntamente a manos de disparos provenientes del lado camboyano, en un contexto de renovadas tensiones entre ambos países. Según informó el ministro del Interior camboyano a través de su cuenta de Facebook, cuatro civiles camboyanos han muerto y nueve resultaron heridos.
Neth Pheaktra, en otra publicación, condenó enérgicamente el ataque tailandés contra la soberanía camboyana, describiendo el uso de “cazas F-16 y humo venenoso”. Los ataques se concentraron principalmente en las provincias de Preah Vihear, Banteay Meanchey y Udar Meanchey, causando, además de víctimas civiles, “daños a la propiedad privada y estatal”, según detalló.
Las Fuerzas Armadas tailandesas confirmaron en un comunicado que también han sufrido cuatro heridos en los enfrentamientos, calificando la acción como “una respuesta a las operaciones militares camboyanas”, mientras que Phnom Penh niega haber iniciado los disparos.
Bangkok asegura que los ataques se limitaron a “infraestructuras militares, depósitos de armas, centros de mando y rutas de apoyo al combate” vinculadas a actividades consideradas una amenaza para la seguridad nacional tailandesa.
Informes militares indican numerosos enfrentamientos en las últimas 24 horas a lo largo de los casi 820 kilómetros de frontera, donde ambos gobiernos han comenzado a evacuar a los civiles y a movilizar personal y equipo de defensa.
Por su parte, Phnom Penh ha acusado nuevamente a Tailandia de ser responsable de varias provocaciones en los últimos días, insistiendo en que los soldados camboyanos no han respondido a los ataques.
La relación entre ambos países ha sido históricamente tensa desde que se trazaron sus fronteras hace más de un siglo. En 2008, la intención de Camboja de registrar un templo en la zona fronteriza como Patrimonio Mundial de la UNESCO exacerbó las tensiones, desencadenando enfrentamientos. En 2011, la formalización de esta decisión condujo a numerosos ataques que causaron al menos 28 muertes y decenas de miles de desplazados.
El conflicto se reavivó este año, concretamente desde febrero, cuando ambos países comenzaron a denunciar incursiones del otro en zonas disputadas. A finales de mayo, la muerte de un soldado camboyano provocó una escalada de violencia que, en julio, se tradujo en ataques de ambas partes que dejaron más de 30 muertos, convirtiéndose en los más mortíferos de los últimos 13 años.
En julio, durante el tercer día del conflicto, Donald Trump intervino, manteniendo conversaciones con los primeros ministros de ambos países y anunciando que habían acordado reunirse para trabajar en un alto el fuego, un proceso que detalló en varias publicaciones en redes sociales. Para presionar a ambas partes, Trump amenazó a ambos líderes con restricciones comerciales.
En la cumbre de la ASEAN celebrada en Malasia el 26 de octubre, el primer ministro tailandés Anutin Charnvirakul y Hun Manet, jefe del gobierno camboyano, firmaron un acuerdo de paz en presencia de Donald Trump. El mandatario estadounidense afirmó en ese momento haber puesto fin a “ocho guerras en ocho meses”.
Sin embargo, el gobierno tailandés anunció la suspensión del alto el fuego dos semanas después, principalmente debido a la acusación de que Camboya era responsable de la explosión de una mina terrestre en la frontera, que dejó cuatro soldados tailandeses heridos, uno de ellos con la pérdida de una pierna. Como consecuencia, Nattapon Nakpanich, ministro de Defensa de Tailandia, suspendió la liberación de 18 prisioneros camboyanos y la retirada de vehículos blindados y armamento pesado de la frontera.
